Norman Caldera

Gadafi y el uso de la fuerza

Dos noticias que tienen a Nicaragua como punto común llamaron la atención el 18 y el 23 de septiembre.

El análisis de la revista Time sobre los ganadores en la revolución libia: el pueblo libio, Sarkosy, Cameron y Obama en primer plano, el Consejo de Seguridad de la ONU, la Corte Penal Internacional y la Liga Árabe en segundo lugar. Por el otro lado los perdedores: “El Líder”, su familia y sus leales que “abandonan el barco como ratas”. Según la revista Time , son perdedores por ausentes: Ángela Merkle de Alemania, Ju Jintao de China y Vladimir Putin de Rusia, quienes se abstuvieron de votar y no vetaron el uso de la fuerza contra Gadafi en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero tampoco lo apoyaron.

Además están los que abiertamente apoyan a Gadafi: los líderes de Cuba, Venezuela y Nicaragua, a quienes la revista Time llama “predecibles e irrelevantes”, más Brasil, la India y África del Sur, aunque en el caso de esta última, una llamada de último minuto de Obama a Jacob Zuma, consiguió el apoyo sudafricano a la Resolución 1973. Estos últimos tres han estado reclamando, y hasta hace poco tiempo con cierto éxito, que se escuchen sus voces en el concierto internacional. Según mi colega el excanciller mexicano, Jorge Castañeda, sus posiciones en Libia y su oposición al uso de la fuerza aún en casos de intervención humanitaria como en Siria, descalifica a Brasil e India como contendores serios en busca de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad.

Pienso que el uso de la fuerza por razones humanitarias contra Gadafi puede haber hecho retroceder, tal vez por décadas, el esfuerzo por reformar el Consejo de Seguridad, para incluir a Japón, que por ahora queda como el único candidato sólidamente creíble para una expansión de miembros permanentes, a Alemania (que podrá intentar de nuevo en su próximo gobierno), a Brasil y La India cuyas aspiraciones, según Times habrían quedado muy disminuidas.

El caso del caño de Harbour Head, que Costa Rica insiste en llamar isla Calero, está siendo ventilado en La Haya, donde corresponde. Las declaraciones inflamatorias de la presidente Chinchilla en la Asamblea General de la ONU y la “amenaza de uso de la fuerza” hecha unos días antes por el canciller Castillo, en violación al Artículo II de la Carta de la Naciones Unidas, tienen dos posibles explicaciones: o hay nubarrones en el horizonte socioeconómico de Costa Rica, que a juicio de ella necesitan un distractor, o el caso en La Haya está caminando mal para ella y está tratando, indebidamente, de inyectar un factor político a la decisión de una Corte que ha sabido siempre aplicar variados criterios jurídicos, por provenir de diversos sistemas legales, pero que siempre terminan por hacer prevalecer la justicia. Este es un tema que une a los nicaragüenses por encima de todo. En 1856, conservadores y liberales se unieron para expulsar a Walker, el invasor que vino del norte, y defenderse del subsiguiente invasor que vino del sur. Si no es para ocultar su problema doméstico, doña Laura, ni está tratando de influenciar a la Corte, ¿a quién quiere beneficiar levantando, a escasas semanas de una elección polarizada en Nicaragua, un estandarte que une a todos los nicaragüenses: la defensa del Río San Juan? El autor fue canciller de Nicaragua.

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