La lluvia le volvió a jugar una mala pasada al presidente Daniel Ortega. Ayer tuvo que adelantar en una hora su acto en las comunidad Las Lajitas, en las cercanías de Juigalpa, y hablar menos de lo que acostumbra debido a los negros nubarrones que al final convirtieron en un potrero el campo donde se realizó el mitin.
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En medio del lodo y bajo la lluvia, los partidarios del Frente Sandinista salieron apresurados a tratar de abordar los buses y los camiones para transporte de ganado en los que la mayoría de ellos fue movilizada.
El caos ocasionado por la lluvia sobrepasó en algunos momentos la capacidad de la Policía para controlar la situación.
La carretera Boaco-Juigalpa estuvo bloqueada por casi tres horas debido al embotellamiento vehicular. Además, el abundante consumo de cerveza generó algunos conatos de pleitos, que las autoridades sí lograron controlar con rapidez.
Ortega también redujo a 20 minutos su intervención, que habitualmente extiende por casi una hora. Y esta vez lo hizo en dos partes, porque a la mitad de sus consignas cedió el micrófono a su compañero de fórmula Omar Halleslevens, quien llegó tarde a la actividad, por razones que nadie explicó.
LA LLUVIA, SU OPOSICIÓN
La lluvia es hasta ahora lo único que ha obligado al presidente Daniel Ortega a cambiar sus hábitos.
El mandatario que hasta hace algunos meses solo dirigía actos públicos por la noche ha hecho sus últimas cuatro concentraciones sabatinas antes de las 5:00 de la tarde. Ayer, impuso un récord, al presentarse al mitin a las 12:40 del día.
Además, le ha faltado el tiempo para saludar a los miembros de la Juventud Sandinista con el único verso que le cita al poeta Rubén Darío: “juventud, divino tesoro”, o recordar el “capitalismo salvaje del que hablaba Juan Pablo II”.
La única concentración en la que ha logrado extender su intervención y explicar su programa de gobierno ha sido en Matagalpa, donde inauguró oficialmente su campaña electoral a principios de septiembre.
Ayer, el tiempo solo le alcanzó para abogar por la defensa de la paz en Nicaragua y lanzar “vivas” a la Virgen de Cuapa, Chontales.

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