Lima. El 11 de septiembre es una fecha que por una serie de sucesos ha quedado atada con la democracia. Ese día coinciden tres aniversarios. Dos decididamente para lamentar: el golpe de estado que en 1973 dio el general Augusto Pinochet, y que sumió a Chile en una dictadura que se extendió por más de una década y el atentado terrorista contra las Torre Gemelas en Nueva York en el 2001.
Una década después el impacto de aquellos aviones se siente hoy en la economía internacional y muchos ubican ese hecho como la causa de la crisis y la incertidumbre que vive en estos días el mundo desarrollado. Aquella catástrofe melló el sistema de garantías de los derechos individuales imperante en EE. UU., que era emblemático a nivel planetario, afectó los derechos y libertades de sus ciudadanos y tuvo consecuencias dañinas en el resto del orbe, todo ello debido a la falta de serenidad y estatura de quienes tenían la responsabilidad de conducir y enfrentar el problema, sin reaccionar y entrar en el terreno al que lo empujaba con su acción criminal el terrorismo.
También se cumplieron este 11 de septiembre diez años de vigencia de la Carta Democrática Interamericana, aprobada en reunión cumbre de la OEA celebrada en Lima. Se dirá que este sí es un aniversario para festejar.
Es, en alguna forma, lo que han hecho la Secretaría General de la OEA y por su lado los cancilleres de los países miembros que se reunieron en Valparaíso (Chile), previos a la fecha conmemorativa. Sin embargo no todos hacen un balance tan positivo. Este pasado 11 trece expresidentes latinoamericanos se dieron cita en Lima convocados por el expresidente Alejandro Toledo —quien presidía al Perú en el 2001 y como tal inauguró aquella cumbre—, para analizar cómo se ha aplicado la Carta y especialmente si se ha respetado en todos su alcances a lo largo del hemisferio y de estos diez años. En las discusiones Venezuela fue un ejemplo elocuente de las “fallas” en la aplicación de la Carta y de la OEA, y el propio Toledo, públicamente se preguntó por qué no se actúa con respecto a Ecuador, donde el presidente Correa ataca y censura a la prensa y para ello utiliza el poder judicial.
Como contrargumento se insiste en que todos los países que hoy integran la OEA tienen gobiernos electos. Un hecho innegable, pero lo que sí es discutible y sin embargo se repite y afirma, es si se trata efectivamente elecciones libres y democráticas. Son muchos casos en que no es así. No se puede hablar de elecciones libres y democráticas cuando hay candidatos que son proscriptos, cuando se amenaza con despedir a los funcionarios públicos si no votan al candidato oficial, cuando se restringe por diversas vías a la prensa opositora e independiente y se utilizan los dineros del Estado para premiar a la prensa oficialista, timorata y complaciente. No son elecciones democráticas si el candidato oficialista reparte dinero o bienes pagados con dineros públicos entre los electores y utiliza el poder del Estado para su campaña política. Estos y muchos más, son hechos concretos. Tan así como que hay casos en que llegó al gobierno por la vía electoral democrática, pero puestos allí se ejerce violentando las instituciones y no se respeta la libertad de expresión ni la autonomía y vigencia de los poderes judicial y legislativo. Este es el gran tema que no se puede soslayar. Vista la realidad, tal cual es, sin dobles discursos, sin miedos, sin acomodar el cuerpo y sin caer en la demagogia de lo políticamente correcto, tampoco el aniversario de la Carta da para aplaudir mucho.
El autor es periodista uruguayo, director del semanario Búsqueda
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