Al cumplirse el décimo aniversario del ataque terrorista a las torres gemelas de Nueva York, millones de televidentes alrededor del mundo, entre los que ciertamente estaba yo, volvieron a vivir aquellos 102 minutos de angustia que sacudieron al mundo y cambiaron la manera de cómo percibimos la amenaza terrorista.
Fallas catastróficas en el sistema de seguridad y defensa de la primera potencia del mundo fueron las primeras causas de que el ataque se hubiera perpetrado. La CIA que tiene por mandato la defensa de EE.UU. fuera de su territorio, no compartió información vital con el FBI, agencia encargada de perseguir el crimen dentro del territorio estadounidense. Ambas agencias trabajaban entonces con poca comunicación y con mucho recelo. La CIA investigaba y buscaba a terroristas de Al Qaeda, que en realidad estaban en territorio norteamericano, porque descubrieron que tenían visas para entrar cuando quisieran a ese país. Si el FBI hubiera sabido que los terroristas que planeaban el atentado estaban tomando lecciones de vuelo en los Estados Unidos, el ataque posiblemente nunca hubiera ocurrido.
Luego del atentado terrorista todo esto cambio y todas las agencias trabajan bajo el Departamento de Seguridad Doméstica o “Homeland Security”, con una coordinación fluida entre todas las agencias de seguridad; pero el día 11 de septiembre del 2001, la seguridad era mucho mas vulnerable. En la parte física, nadie consideraba que las cuchillas pequeñitas para abrir cajas se pudieran convertir dentro de un avión, en una arma letal. Y en la parte psicológica, nadie pensaba entonces que un avión podía ser secuestrado para transformarse en una bomba de destrucción masiva, un kamikaze gigante con todos sus pasajeros en viaje hacia la muerte, sin que ni siquiera lo imaginaran hasta el momento terrible del impacto.
Los secuestros de aviones en aquel entonces tenían por objeto someter a la tripulación para llevar el avión a un aeropuerto seguro y pedir un rescate, ya sea la liberación de reos o una alta suma en efectivo o ambos; pero la tripulación siempre tenía un rango de maniobra, porque controlaba la nave y la vida de todos adentro de la misma.
Nadie imaginaba un secuestro en que los raptores primero eliminarían físicamente a la tripulación del avión y luego tomarían físicamente el control de la nave, para convertirla en una bomba dirigida contra un centro de alta densidad demográfica. Era algo tan horroroso, que no cabía en la imaginación: por eso mismo pasó.
Contra lo inimaginable, es poco o nada lo que se puede hacer como medidas preventivas, pero como ocurrió, la seguridad antiterrorista en todos los continentes se ha reforzado dramáticamente, particularmente en la industria de la aviación.
No obstante, como dijo recientemente el presidente Barack Obama en un artículo publicado, en conmemoración del atentado el pasado 11 de septiembre, en el Diario LA PRENSA y en muchos otros diarios del mundo, la lucha contra el terrorismo demanda una alianza global, porque el terrorismo es un asunto global.
Los que atacaron a las torres gemelas mataron por igual a estadounidenses y a inmigrantes. Estados Unidos es un país hecho de inmigrantes y al cumplirse 10 años del mayor ataque terrorista de la historia, lo fundamental es que los que compartimos los mismos valores y principios, estemos unidos en una gran alianza global, que evite que lo inimaginable, vuelva a ocurrir nuevamente. Es nuestro compromiso con las casi 3,000 víctimas inocentes, que cayeron aquel fatídico 11 de septiembre. El autor es diputado.
Lo fundamental es que los que compartimos los mismos valores y principios, estemos unidos en una gran alianza global que evite que lo inimaginable vuelva a ocurrir nuevamente.
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