¡Tome Nota!
El consumo de ajo no es algo nuevo, sino que proviene de tiempos remotos. Se cree que los egipcios lo empleaban en la cocina. Procede de Asia, de donde se extendió a los países mediterráneos y, a partir de ahí, al mundo.
Debido tanto a sus innumerables aplicaciones culinarias como a sus saludables propiedades, se ha convertido en un ingrediente imprescindible en buena parte de los platos que conforman nuestra gastronomía.
Podemos encontrar ajo en polvo, en bulbos enteros, en dientes e incluso como pasta. Una garantía de calidad son las cabezas de ajo muy firmes, con la envoltura seca y que no contengan brotes.
Las mejores son las apretadas, que cuentan con un mayor peso. Para una perfecta conservación, se recomienda mantener los ajos en un lugar fresco y seco, y de esta manera evitar su germinación.
Es muy empleado para ligar salsas, así como para acompañar carnes, pescados o verduras, que adquieren la denominación de “al ajillo”.
Ver en la versión impresa las páginas: 4 B