Por Edgard Rodríguez
En medio de grandes expec-tativas, inicia la era de Denis Martínez en la selección de beisbol que se prepara para actuar en el Mundial de Panamá en octubre próximo.
Por donde se vea, es un cambio saludable que debe repercutir en mejorar la disciplina, actitud y, sobre todo, la mentalidad de los jugadores convocados.
Sería un error creer que Denis es un mago que transformará profundamente el equipo y que vencerá a cuanto rival se ponga en frente. No. Debe haber cambios, seguro, pero mejorar resultados podría tomar tiempo.
El cambio era necesario. Había que cortar prácticas que dañaron la imagen de la selección, controlada por entrenadores que convocaban a peloteros que estaban fijos a pesar de su rendimiento y disciplina.
Denis podría recuperar el orgullo que representa la selección, moralizar el equipo. Y ese proceso pasa por establecer reglas y normas, por encima de las cuales no puede estar ni un jugador, para que al final, persistan los más talentosos y más disciplinados.
Ahora, si este proceso de cambios en la mentalidad trae modificaciones en los resultados a lo inmediato, magnífico, si no, al menos quedan sentadas las bases para encaminar al equipo por la senda ganadora.
Mi punto es: se pone a Denis al frente para hacer mejor al equipo y eso pasa por hacerle cambios en su estructura y en su mente. Ese proceso puede tomar tiempo, pero hay que hacerlo.
Y más que ir a ganar unos cuantos juegos a Panamá, lo cual sería tremendo si se da, su llegada al equipo debería ser utilizada como el punto de partida para una transformación seria del beisbol en toda su estructura.
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