Guillermo E. Miranda

Otra plaza de la República jamás

En la medida en que nos acercamos al 6 de noviembre, las diferentes organizaciones de la sociedad civil intensifican sus llamados a votar. Llamado que en su gran mayoría es hecho sin inclinación política alguna, algo que considero loable ya que de esta manera se valora aun más el carácter cívico de dicha convocatoria. Considero que independientemente de que muchos ya hemos tomado nuestra decisión sobre por quién votar, también es importante que esa decisión personalísima la dejen a la conciencia de cada uno, o en su defecto a la capacidad de persuasión de cada agrupación política en particular.

Aunque si he de ser sincero, la verdadera intención de este artículo no es hablar sobre el voto en sí. Sino más bien llamar la atención de los diferentes candidatos y hacerles saber que independientemente de que estamos conscientes que estas elecciones son ilegítimas por llevar un candidato que se ha impuesto atropellando la Constitución, más el agravante de tener un árbitro electoral con sus tiempos vencidos y acusado de corrupción, como ciudadanos estamos en la disposición de salir a votar, para demostrarle al mundo nuestro deseo inclaudicable de vivir dentro del cauce de la democracia. Esto quiere decir que ante un fraude comprobado y certificado por los organismos internacionales que acompañan el proceso, así como por los nacionales, específicamente Ipade y Ética y Transparencia.

Sería inmoral que los que saliesen favorecidos con las migajas del fraude acepten los  curules reeditando el bochornoso espectáculo que observamos en la Plaza de la República durante las elecciones del 2008, en que un prepotente presidente del CSE juramentó por igual a quienes impusieron por la vía del fraude y quienes habían sido favorecidos por el voto del pueblo. Esa noche además de haberse perdido la vergüenza y la dignidad, se nos condenó a ser gobernados por ediles designados y no electos. Fueron pocos los que como Ariel Terán, de León y otros, los que en un gesto digno se negaron a ser parte de ese denigrante espectáculo.

El impacto nacional y la trascendencia internacional que tendría un fraude como el del 2008, se perdería si alguno de los aspirantes presidenciales o sus candidatos a diputados aceptaran sentarse en un escaño de la Asamblea Nacional (AN), sabiendo que con ello estarían legitimando un fraude que como pueblo no admitiremos jamás. Por ello se hace indispensable que los diferentes candidatos que compiten por el favor de nuestro voto, se manifiesten de forma clara y precisa sobre cuál sería su actuación ante una eventualidad de esa naturaleza. Son varios los que me han tildado de soñador por poner este tema sobre la mesa, ya que consideran que jamás los topos del orteguismo descubrirán su juego. Pero precisamente por eso es que considero de trascendental importancia que los candidatos se manifiesten de forma contundente sobre el tema. Ya que si luego resulta que nos mintieron por conseguir nuestro voto y terminasen aceptando una curul de las que ofrecerá Ortega como premio de consolación, esto debería ser motivo suficiente para marcarlos para siempre como traidores a la causa de la democracia. Solo entonces estaremos en condiciones de enfrentar con éxito la nueva dictadura de Ortega, yendo de la mano de renovados y comprobados liderazgos.

 El autor fue Comandante de la Resistencia Nicaragüense.

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