Según pregona Ortega en la ONU por medio de su embajador Oquist, este gobierno ha hecho que Nicaragua salga prácticamente de la pobreza extrema… Esto es una mentira típica de la dictadura orteguista, y para el que ama este pueblo es una broma cruel. El vil cuento que muchos se comen desde hace 30 años, la tal revolución sin conquistas sociales. El “lavado social”, que cubre todas las canalladas políticas y la vida indigna en que vive el pueblo de Nicaragua. El circo político que tapa el sol con un dedo manchado de mentiras populistas. Pero es mejor aceptar por 30 años una bonita mentira que reconocer la verdad, la pobreza que rodea toda Nicaragua, la falta de un trabajo digno, que lleva a robar, a prostituirse, a despreciar el valor por el trabajo, porque duele tanto enfrentarla a diario.
Matagalpa creció a ambos lados sin la ayuda de nadie en miles y miles de casitas en pobreza extrema, rodeadas de caminos de tierra, sin agua, sin acondicionamiento urbano alguno. Los chavalos se bañan en las aguas sucias que bajan de las otras casas, la gente trae el agua en baldes. Cuando se ve el abandono en que vive el pueblo uno se pregunta: ¿cómo es posible que haya bastante gente que cree en los cuentos del populismo orteguista?
Según Ortega iba a construir en este período unas cinco-diez mil casitas… lo que ha hecho es subsidiar la tasa de interés, no construir y regalar las casas. Esto precisamente lo han hecho los tres gobiernos anteriores, además de obras de infraestructura municipal, sin hacer la publicidad que hace Ortega. Ahora se le acabó el período y no existen las tales casas, los beneficiados son pocos. Como dijo Churchill, los políticos pasan tanto tiempo diciendo lo que harán, que después deben explicar por qué fue que no lo hicieron. Ortega en lugar de explicar por qué no lo hizo, se proclama como la solución a la pobreza de Nicaragua.
¿Por quién votamos entonces? ¿Por el que nos regale algo? Este es el producto de la revolución, un pueblo que quiere que todo se lo regalen sin trabajar. Pero tarde o temprano se tendrá que despertar.
El gobierno no puede regalar salud, educación, transporte, electricidad, agua, vivienda, techo, todo. No tiene los medios y menos en un país pobre como el nuestro. Las instituciones públicas se financian de los impuestos a los salarios de los que trabajan duro, no de los fondos de otro dictador venezolano que a su vez le roba a su pueblo. No podemos seguir esperando limosnas, donaciones ni remesas, debemos de votar por el que mejor fomente una empresa privada que respete lo social, que genere empleo bajo un estado de derecho. Convencer de esto a un pueblo que en 30 años se acostumbró a esperar dádivas para sobrevivir el día, hoy parece como tirar una de esas piedras que rebotan en el lago.
El autor es ingeniero
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