Francisco de Asís Fernández Ahora sufro de extrañas desapariciones en la memoria, mi depresión tiene un techo que se parece a un cielo de estrellas quebradas y un piso de baches y escombros con alambres de campo de concentración. Me siento un agujero deshabitado, un animal sin vanidad. Soy un cangrejo que no logra llegar a mi niñez hasta los brazos extendidos de mis padres. Llego con pasos agotados a los ramajes y zacatales de las frustraciones.
Llego a las sombras y a las líneas oscuras a recoger los escombros, las serpientes y cocodrilos que acechan la noche y a un adorable nido de víboras. Soy un hombre inconcluso que nació cuando llovieron miles de pájaros. Nunca he sido un adulto y no me hago ilusiones viviendo la tormenta en un barco de papel. Pero mi alma es mi ventaja: yo siempre he creído en la soledad del mar y sé que los grandes insomnios, valles, arenales, llantos siempre encubren madrigales .
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