“No soy pendejo”. La frase se repite decenas de veces en el puente peatonal frente Consejo Supremo Electoral. “No quiero tu piropo, quiero tu respeto”, se lee en las paredes de Art Café, bar cultural de Bolonia. “Evans” es la leyenda que acompaña el rostro de un joven sonriente que está pintado por todos lados en la Avenida Universitaria.
El Instituto de Medicina Legal determinó, además, que el joven de 16 años, no había manipulado ningún arma antes de su muerte, contrario a la versión de las autoridades que aseguraban que se trataba de un delincuente.
Según los familiares y amigos de Felipe Becerra, “ Tripido”, el adolescente se aprestaba a hacer un dibujo del «gato Félix» cuando llegó la policía. Entonces se asustó, huyó y fue abatido por la espalda.
El caso está siendo investigado por la Fiscalía.
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El esténcil se está tomando las calles, pero ahora como una expresión de protesta, una herramienta para crear conciencia o para visibilizar problemas sociales.
Movimientos juveniles prodemocracia, agrupaciones feministas y grupos que han alzado la voz reclamando justicia ahora se valen de esta técnica artística para llevar su mensaje. Con una plantilla, un dibujo recortado y pintura, el esténcil se ha convertido en la voz que hace eco en la calle.
“Luego de participar en un curso de intervención urbana decidí llamar a la reflexión sobre una resolución judicial que invita a permitir el abuso o violaciones a la integridad de la mujer”, cuenta Rodrigo Rodríguez, sociólogo y comunicador social.
Él hace referencia al caso de la violación de Fátima Hernández, en la que se redujo la pena a su agresor por determinar que la cerveza era un elemento “atenuante” y ella una “víctima colaboradora”.
El asesinato de un joven universitario a manos de un grupo de menores de edad, los casos de corrupción y el abuso de poder en diferentes instituciones del Estado, denuncias del machismo, violencia y discriminación, todos se han tomado un espacio en las paredes.
“Es una manera de hacer ver el problema, las críticas y las soluciones. El esténcil es un mensaje que se replica y que viene de la misma sociedad”, comenta María Marta Escobar.
Ella es parte del colectivo de acción feminista que desarrolla el proyecto “Zona de Vuelo”, con él pretenden espacios públicos, como bares culturales, seguros para mujeres. “En este bar se respeta a las mujeres”, “Mi cuerpo es mío, no se toca, no se viola, no se mata”, rezan alguno de los mensajes con esténcil plasmados en cada bar que se une a la campaña.
Con ingenio, sarcasmo o ironía, los movimientos sociales juveniles han hecho de esta expresión de arte urbano un arma de denuncia que deja de ser el tímido y primitivo rayón para convertirse en una imagen que grita para generar opinión.
La lista de esténcil va en aumento, muy pronto usted verá en la calle un “SI toma, NO viole”.
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