Anita Chamorro de Holmann

Mensajes proféticos de hoy y de siempre

El profeta Jeremías nos dice: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste. He sido el hazmerreír de todos; día tras día se burlan de mí. Desde que comencé a hablar, he tenido que anunciar, a gritos, violencia y destrucción. Palabra del Señor. Por anunciar la palabra del Señor, me he convertido en objeto de oprobio y de burla todo el día. He llegado a decirme: “Ya no me acordaré del Señor ni hablaré más en su nombre”. Pero había en mí como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo me esforzaba por contenerlo y no podía”.

Los profetas son escogidos por el Señor para recibir sus mensajes y señales, inspirados por el Espíritu Santo, quienes los transmiten al pueblo de Dios, a través de los siglos sin perder actualidad, ya que el comportamiento humano tampoco ha cambiado y las situaciones son las mismas, idénticas, son como la rueda, un día arriba, mientras el lado opuesto esta abajo y otro día lo contrario. Pero siempre la rueda va arrastrando consigo el lodo de nuestro suelo, repitiéndose lo mismo aunque ahora peor, solapada y engañosamente.

No dejemos que este lodo nos manche otra vez y que de nuevo salpique nuestra dignidad, para que no vuelva a oscurecerse la diáfana luz de la fe en nuestra patria, salpicando esta mugre de oprobios el manto impecable de Dios y de su Iglesia, de sus hijos y quienes son hoy profetas que anuncian y señalan corrupción, violencia y el abuso del poder. Ellos, los Obispos advierten respetar la Ley combatiendo todo esto con la verdad y clamando justicia, pero más bien les amenazan de muerte y se burlan de ellos que son los representantes del mismo Cristo; estos sacrílegos les faltan al respeto y se mofan de Él llamándose cristianos.

Las Cartas Pastorales han denunciado anomalías, errores y abusos que se cometen a diario en los poderes del Estado, señalando una “sociedad enferma” y llena de abusos contra las leyes. Esto ha provocado el descontento del gobierno hacia la Iglesia católica amenazándole por sus declaraciones. Pero los obispos sostienen que seguirán denunciando estos errores y Monseñor Silvio Báez advirtió que: “no guardarán silencio” y que “Solo Dios tiene poder para dar y quitar la vida”.

Como dice San Pablo en su carta a los romanos: “Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los griteríos de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto”.

San Juan Bautista fue uno de los primeros mártires por denunciar el mal, lo mismo que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua fue víctima por denunciar la corrupción, mereciendo así el título de Mártir de las Libertades Públicas.

El que oculta el mal es cómplice del mismo. Pero esta tarea no es solo de estos profetas si no de todo el pueblo. Todos debemos tomar una nueva manera de pensar y actuar en justicia y libertad. ¡Bien aventurado los que buscan la justicia, porque ellos verán a Dios! La autora es directiva de LA PRENSA.

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