Por Hjalmar Ruiz Tückler (*)
En la medida que los mercados de las telecomunicaciones se regionalizan, crece la tendencia de llevar a cabo un proceso de armonización regulatoria que permita contar con una regulación regional. Después del inicio de la experiencia europea, el modelo ha tenido su impacto en áreas o regiones que han logrado suscribir e implementar acuerdos o tratados de libre comercio.
En desarrollo de estos esfuerzos se han presentado los conceptos de regulación dual, regulación comunitaria y armonización regulatoria, siendo ejemplos a seguir, las experiencias de los Estados Unidos de América y Europa que sirven para ilustrar la forma cómo se ha dado la armonización de leyes y regulaciones en esas regiones.
Hoy día la tendencia es propiciar un mayor acercamiento entre los organismos legislativos y reguladores de la región para que, en el futuro, las leyes y regulaciones del sector sean más afines, con la tendencia desde luego a lograr una armonización de la regulación regional, en tanto la base tecnológica y económica del sector de las telecomunicaciones es la misma en todo el mundo.
El fundamento económico del sector de servicios de telecomunicaciones es también el mismo en la mayor parte de los países. Empresas y consumidores exigen servicios de telecomunicaciones con características cada vez más avanzadas y al precio más bajo posible.
Lo que no ha cambiado es que los proveedores que más se ajustan a la demanda son los que tienen éxito. Los que no consiguen participar con éxito son ignorados por los consumidores y por sus competidores.
Aunque la capacidad de pago de empresas y consumidores difiere enormemente de un país a otro, esto no explica las grandes diferencias existentes en cuanto a la forma de aplicar la reglamentación en todo el mundo.
Frecuentemente, países igualmente ricos han abordado el problema de la reglamentación de forma muy distinta, y lo mismo han hecho países igualmente pobres.
Las diferencias de reglamentación suelen imputarse a las diferencias jurídicas, institucionales, políticas o culturales de los diferentes países. Aunque importante, esta divergencia no justifica, generalmente, las diferencias esenciales en los aspectos técnicos o económicos de la reglamentación.
Los mercados de telecomunicaciones se están convirtiendo cada vez más en mercados regionales y mundiales. Hoy día los proveedores de servicios, en cuanto a sus estrategias comerciales y de competitividad deben pensar a escala mundial. Los organismos reguladores han de actuar de igual forma.
Al imponer cargas reglamentarias locales que no existen en otros países, requisitos más costosos o poner barreras administrativas para el acceso a los mercados, los reguladores pueden perjudicar a los participantes en su mercado nacional.
De igual modo, los organismos reguladores que protegen a los operadores nacionales de las disciplinas de reglamentación que se aplican en otros países, no les están haciendo ningún favor.
Tales organismos retrasan la aparición de la competencia, las innovaciones en el servicio y el posible crecimiento económico, ya que fracasan en el intento de aplicar un sistema favorable a la competencia similar al de sus países vecinos.
Consultor.
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