Cuando ya te sentís ansioso por obtener independencia y andar en bicicleta ya te parece aburrido, empezás a portarte bien para que tus padres vean que sos responsable y que ya podés manejar tu vida. ¿Y por qué no? ¡También un carro!
Ahí es cuando te enseñan lo básico: encender el vehículo. Tras varios intentos y algunas cajas de cambio arruinadas, ven que es inútil y te presentan de manera sutil la segunda opción: clases para aprender a conducir. Ojo: esto no sucede en todos los casos.
En unos días te mirás practicando en las calles, donde es común que te griten “perico”, “andate a un parque” o “mejor buscate un taxi”, mientras a vos el motor se te apaga de los nervios o le sacás sonidos divertidos, nunca antes escuchados. Como Aquí Entre Nos tratamos de al menos darte una guía para mejorar, hoy te contamos algunas experiencias y recomendaciones que debés tomar en cuenta para que tus primeros intentos de manejo no sean tan fallidos.
“Para conducir solo hace falta realizar el curso, luego con la práctica viene la seguridad y la confianza en las calles, y por último, se logra el manejo preventivo”, afirma Leslie Lindo, director de la escuela de manejo Un Paso al Futuro.
Lindo asegura que el método de enseñanza más efectivo para los jóvenes se da por tres niveles, el primero tiene nombre como de una película de la Guerra de las Galaxias:
La Iniciación Parte 1. En este nivel lo más adecuado es ir al malecón o a un lugar no muy transitado para que nadie te distraiga o te ponga nervioso. Y si hay gente, pues entonces deben prepararse para tus primeros intentos ruidosos por encender, avanzar y detener el carro.
Cuando ya hay más confianza se puede practicar en barrios solitarios o calles secundarias y ya por ultimo, la prueba de fuego para todo principiante es ir a pleno tráfico pesado. Ahí tu habilidad supersónica de conductor valiente se verá a prueba con las rotondas, autos, semáforos, subidas y curvas.
“Siempre hay que tener en cuenta en este último nivel que lo primero es reconocer el peligro, entender la defensa y actuar a tiempo”, agrega Lindo.
¡ECHÁ LA PATITA, LORA!
Lucas Murillo, “el nervioso”, 19 años/ UAM: “Me enseñó a manejar mi papá a los 11 años . Me da nervios manejar, por eso hasta lo quiero encender en tercera. Es que me pongo pálido, tieso. No sabés qué hacer y todo el mundo te pita”.
Kathya Morgan, “la agresiva”, 20 años/ American College: “Recuerdo que yo cometía los errores y les reclamaba a los demás, tal vez iba en el carril izquierdo y súper lento entonces si me apuraban yo les gritaba ¡busquen su derecha! mientras me decían ¡echá la patita, lora!”
Alfredo Manzanelli, “el descarriado”, 18 años/ La Anunciación: “Aprendí en una escuela de manejo hace poco. Siempre me iba a la derecha, me ponía a hablar, no prestaba atención en la vía y me salía de mi carril. A veces la gente se te pega al carro a propósito o te pitan para ponerte nervioso”.
Alejandra Rodríguez, “la relax”, 20 años/ vocalista de ECOS: “Se me apagaba como mil veces, encendía el carro y se me apagaba ahí nomás. Al comienzo era súper lenta, todos los taxistas me pitaban y yo tranquila. Lo peor fue cuando en un semáforo saqué el clotch demasiado rápido y me quedé en medio”.
Josué Monroy, “el traumatizado”, 29 años/ vocalista de MONROY & SURMENAGE: “A los 14 años me estaban enseñando y ya le había agarrado el feeling, pero un día frente a mi familia casi me estrello contra la pared. Yo traumado, no volví a tocar un carro de nuevo hasta 9 años después”.
Laken, “el suertero”, 23 años/ Myla Vox: “Aprendí a manejar en un Volkswagen del 76, nunca he chocado. Recuerdo que en subida se me apagaba el carro y el freno de emergencia era mi mejor amigo. Nunca me gritaron en las calles, fueron pacientes conmigo”.

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