El Cuerno de África (Somalia, Etiopía, Kenia) fue declarado en Crisis Alimentaria por las Naciones Unidas. Se estima que más de 12 millones de personas se encuentran en situación de hambruna y que cada mes cerca de 10 mil niños mueren de hambre.
Lo más dramático de esta terrible situación de emergencia humanitaria es que el mundo parece poco sensible ante este sufrimiento humano y de que la actual crisis era una situación previsible y manejable.
El 25 de agosto pasado concluyó en Adís Abeba, capital de Etiopía, la Conferencia Internacional de Donantes para atender la Crisis, con resoluciones de compromiso de apenas el 25 por ciento de lo estimado necesario para paliar la crisis alimentaria. O sea que millones de personas se encuentran sin esperanzas de ayuda y 7,500 niños continuarán muriendo mensualmente. Parece ser que en medio de la crisis financiera que golpea a los países ricos, los megadesastres naturales y el cansancio ante las emergencias de una región asolada por décadas por conflictos militares y la corrupción, las conciencias se adormecen, las capacidades decrecen y por tanto las esperanzas de recibir ayudas externas son cada vez menores. Como quien dice: “A rascarse cada quien con sus propias uñas”; a algo de eso estamos asistiendo ya que leemos que la poca ayuda colectada fue principalmente comprometida por otros países africanos.
Se dice que la situación era previsible ya que en gran medida la crisis es provocada por severas sequías que se vienen presentando desde hace seis años (inversamente a Nicaragua, La Niña produce sequías en el Cuerno de África, en tanto que El Niño produce lluvias) y los Gobiernos locales pudieron tomar medidas de prevención para paliar la crisis y además los agricultores y ganaderos pudieron ser habilitados para producir en condiciones de sequía. Pero para lograr esa prevención, se necesitan gobiernos estables y eficaces, algo de que carece la región. Somalia, el país con mayor severidad de la hambruna, se encuentra desde hace años fragmentado en regiones controladas por grupos armados en permanentes conflictos y no existe un poder central que controle la totalidad del territorio del país, lo que impide una acción planificada y efectiva, agravando el impacto de la sequía y dificultando que la poca ayuda humanitaria en curso llegue a quienes urgen por ella.
Con todo, muchas organizaciones humanitarias están respondiendo al llamado e impulsan acciones de apoyo y campañas de sensibilización. En Nicaragua, por ejemplo, Visión Mundial realiza una campaña de oración por quienes hoy sufren la crisis en el Cuerno de África. Para quienes tienen Fe, esta es una manera de enviar fortaleza y esperanza espiritual; para quienes no lo tengan, es una forma de sensibilizar humanitariamente sobre el drama.
Nosotros los nicaragüenses vivimos en una región de alto riesgo y vulnerabilidad ante las amenazas naturales. La crisis humanitaria en el Cuerno de África nos está dando una lección: preparémonos como país, en un contexto de disminución global de la cooperación internacional, para enfrentar los inevitables desastres que en cualquier momento nos tocarán de nuevo. ¡Antes de que nos vuelva a cornear el toro!
El autor es sicólogo social.
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