Prácticamente, a solo tres meses de las elecciones nacionales de noviembre, la población de los “indecisos” sigue mostrando una postura apática que con toda franqueza no es recomendable, mucho menos aceptable, si con una óptica clara vemos que el único perjudicado vendría a ser el pueblo. La historia, maestra del tiempo, siempre nos ha dado su lección en el sentido que el no votar como un derecho ciudadano, consignado en la Constitución Política, solamente a quien beneficia en este caso es al adversario, es decir al Frente Sandinista, que en la persona de Daniel Ortega, pretende ilegalmente consolidar una trágica dictadura para repetir la siniestra época de los años ochenta, cuando a Nicaragua la convirtieron en un Estado – Policía.
Los indecisos (si en ellos hay señales de patriotismo), no pueden seguir alimentando esa equivocada postura; es preciso recordar que, ejerciendo el derecho al voto, la democracia en este país volvería a sus virtuales conquistas, donde las libertades, y garantías ocuparían destacados espacios. Los indecisos tienen que sacudirse esa apatía; la República no puede seguir encarando sus males vitalicios; y la solución a estos últimos depende de nosotros mismos si estamos dispuestos a darle a Ortega la batalla final en estas justas eleccionarias que se avecinan, y que son decisivas para el futuro de Nicaragua.
Todos tenemos un compromiso que cumplir. La Patria, y la democracia en su conjunto, demandan de nosotros mayores responsabilidades que son afines con los comunes propósitos que Nicaragua persigue como nación soberana. Con el estado de cosas que vivimos, no podemos mostrarnos ajenos a la situación calamitosa que ha impuesto el sandinismo-orteguismo. Es una necesidad que Nicaragua supere el fenómeno abortivo que enfrenta y poder, a corto plazo, instaurar una República que inspire confianza donde la libre circulación de los ciudadanos no esté supeditada al terrorismo oficial de los que hoy la desgobiernan a través de una monstruosa corrupción que tiempo alguno haya vivido.
Nicaragua urge un cambio latente en todas sus estructuras, y por ello debemos alzar como espada nuestra voz de protesta acogiéndonos a los dictados de la conciencia, haciendo más evidente y actualizado aquel principio que nos legara en uno de sus brillantes editoriales el Mártir de las Libertades Públicas, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: “La protesta debe ser un hábito. Protestar por todo, hasta que todo cambie”.
Los indecisos no pueden cruzarse de brazos contemplando un desfile nupcial, o un cortejo fúnebre. La República, (esta Nicaragua que es también de ellos) demanda una mayor beligerancia, y en este contexto de la historia, cada nicaragüense honrado tiene una obligación que cumplirle a la Patria en estas convulsionadas circunstancias en que la ausencia de valores aumenta considerablemente.
Los indecisos, si argumentan no tener Partido, no es una “justificación” para abstenerse de votar en las elecciones del próximo 6 de noviembre. A la democracia no hay que buscarle brújula, o bandera para emitir un voto a favor de ella; hay que guiarse por el buen entendimiento al momento del sufragio en el recinto privado, y no mostrarse vacilantes en lo que tenemos que hacer, pues debemos de recordar que la Patria está por encima de toda consideración, y no debemos fallarle como buenos nicaragüenses comprometidos con el cambio en democracia.
El autor es periodista de Somoto.
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