CORRESPONSAL / RIVAS
Seis familias se resistían ayer a salir del derecho de vía de la Carretera Panamericana sur en las cercanías del puesto fronterizo de Peñas Blancas, mientras otras 14 fueron llevadas hacia un terreno comprado por la municipalidad de Cárdenas.
- El alcalde sandinista de Cárdenas, Rodolfo Pérez, dijo: Es parte del plan de desarrollo y ordenamiento territorial de Cárdenas despejar el derecho de vía de la Carretera Panamericana que está bajo competencia del MTI y que por ende pueden venir proyectos de ampliación y mejoramiento de la vía de acceso a Peñas Blancas.
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Dos familias no querían irse del lugar porque en el sitio adonde serían trasladadas no hay condiciones para vivir y las otras cuatro no “calificaban” para ir al nuevo asentamiento, pues tenían poco de vivir a orillas de la Panamericana.
Según notificación enviada la mañana de ayer por la municipalidad de Cárdenas a estas seis familias, la razón del desalojo se debe a acuerdos entre 16 familias que habitaban en humildes casas de madera, plástico y cartón a orilla de la Carretera Panamericana sur e instituciones como Migración y Extranjería, Policía y otras.
La comuna se comprometió a comprar una manzana de tierra para reubicar a las 16 familias, para que dejaran de habitar en la vía pública, aduciendo el peligro que corren y dejando claro que no permitirán que otros lleguen a establecer su hogar en ese sitio.
INCONFORMIDADES
Del grupo de 16 familias que serían beneficiadas con un lote de terreno en la comarca de Sapoá, en el asentamiento Donal Ibarra, finalmente dos se resistían a trasladarse pues indicaron que en el sitio no hay agua ni energía eléctrica.
Entre los inconformes se encuentran don José Vicente Martínez Godoy y Oliver José Mercado, con sus respectivas familias, pues detallaron que habitan en esa área desde que la Aduana y Migración comenzaron a funcionar en Peñas Blancas en 1998.
Martínez Godoy dijo que apelaba al cristianismo y solidaridad que pregona el gobierno sandinista, “yo no es que no me quiera ir, pero nos prometieron un terreno habitable, una casa digna, pero lo que pasa es que aquí los grandotes siguen pisoteando a los más pobres y nos están mandando a un lugar que no vamos a poder capear lo más duro del invierno que se avecina”, argumentó.
Las otras cuatro familias reclamaron porque con la demolición de sus humildes casitas no tendrán adónde ir y no fueron beneficiadas por la municipalidad porque tenían dos años de habitar a orillas de la Panamericana.
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