Le llamaron “archienemigo de la revolución” y le apodaron “macho negro”, como también se conoció a uno de los más sangrientos guardias somocistas, pero hoy los mismos le cantan “amigo fiel”, “cardenal de la paz” y “pastor de la reconciliación”.
Ninguna de las conversiones que han tenido los críticos del primer gobierno del Frente Sandinista, en los años ochenta, a favor del actual presidente Daniel Ortega —quien gobierna por segunda vez—, es más sorprendente que la del cardenal Miguel Obando y Bravo, arzobispo emérito de Managua.
Para teólogos y analistas se trata de una “conversión” de un crítico y hasta opositor que se asegura abogó por la resistencia armada nicaragüense (la contra) en Estados Unidos a un aliado fiel del partido de Gobierno, para una nueva relación de la que poco o nada se ha aclarado ante la ciudadanía.
- La llamada telefónica del 1 de abril del 2005 que llegó desde Roma por la madrugada, sacó al cardenal Miguel Obando y Bravo de la Arquidiócesis de Managua, pero le permitió acercarse más al poder.
Entonces se acercó Daniel Ortega, le dio su apoyo y públicamente le pidió perdón por “el pasado”. Ahora, el silencio de Obando sobre la problemática que advierte la Conferencia Episcopal, que antes presidió, da fe de su “conversión”.
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“¿Qué olvidos e intereses oculta esta actitud de Obando? ¿Cuál es ahora su relación con el partido gobernante? ¿Qué trata de ocultar, y qué revela?”, se pregunta la teóloga Michelle Najlis, que únicamente alcanza a responderse que “la historia juzgará” al prelado.
El exministro de educación y miembro del Opus Dei, Humberto Belli, de quien Obando insinúa propició su salida ante el Vaticano, dio en el 2009 su opinión al respecto: “Obando se vio obligado a coquetear con Ortega por la corrupción de (Roberto) Rivas”, actual presidente de facto del Consejo Supremo Electoral (CSE), que siempre ha figurado como protegido de Obando”. Pero el cardenal nunca lo ha aceptado. Ni negado.
EL CARDENAL DE AYER VS. El CARDENAL DE AHORA
Sin embargo, a pesar de la falta de respuestas de un cardenal que —igual que Ortega— da ahora pocas declaraciones y entrevistas, hay una historia a través de la cual se puede advertir el cambio.
Fue a finales de 1999. Esas declaraciones del cardenal Obando y aún arzobispo de Managua, salpicaron a varios sacerdotes que estuvieron del lado del primer gobierno del FSLN y hasta ocuparon altos cargos diplomáticos o en el gabinete. Obando les reclamó públicamente, en declaraciones a Aciprensa, que “jamás hicieron una denuncia”, que callaron las injusticias que el pueblo señaló.
Pero a penas seis años más tarde, estaba sobre tarimas enfloradas a la par de Ortega, por quinta vez candidato presidencial y a punto de volver al poder. Y se quedó para encargarse de una Comisión de Paz y Reconciliación, que hoy lo lleva por varios puntos del país bendiciendo escuelas y puestos de salud.
“El cardenal Obando está ahora repitiendo los errores que él criticaba de los sacerdotes que participaron en el gobierno sandinista (de los años ochenta): el de ser acríticos”, cuestiona Najlis.
De parte del Gobierno quedaron en el pasado los titulares de medios oficialistas en contra del cardenal, y él, por su parte, dejó de citar los pasajes bíblicos en los cuales advertía que Ortega no había cambiado.
Ahora el cardenal celebra las “obras de progreso” del Gobierno, al nivel de comparar las mismas como actos de amor y cristianismo.
Najlis lo advierte. “El cardenal Obando celebra los programas sociales del partido de Gobierno —que muchos celebramos— como actos de amor cristianos”.
Pero aclara que “los programas sociales que realicen los gobiernos son una simple obligación ciudadana hacia el pueblo que paga el salario de los gobernantes”.
Además, la teóloga opina que “quién sabe si se pueda decir que (el papel de los sacerdotes en los años ochenta y el papel actual de Obando) es realmente el mismo”.
“Los sacerdotes que en los años ochenta estuvieron con el sandinismo, con todo y sus errores, partían de una profunda convicción: la de estar construyendo un país nuevo, el de la utopía que habíamos soñado durante los años de lucha contra la dictadura”, dice la teóloga, quien no ve a Obando como una figura de la reconciliación.
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