Querida Nicaragua: No puedo dejar de recordar los alegres agostos de antaño, sobre todo los desfiles hípicos de aquellos tiempos cuando los jinetes salían de la Industria, una especie de trillo de la familia Cabrera, que quedaba en la calle del Triunfo, antes de llegar al arbolito. Ahí se reunían los caballistas de entonces para iniciar el desfile hípico del primero de agosto.
Recuerdo a la bellísima Clarita Parodi montando un hermoso caballo, con su traje reluciente, su sombrero cordobés y su garbo de dama bellísima, exhibiendo su gracia al paso elegante de su caballo. La gente la aplaudía, ella que era una especie de reina de la belleza en la Managua de aquellos tiempos.
El desfile hípico era ordenado y limpio. Los jinetes, damas o caballeros, iban bien vestidos. Había un orden especial en el desfile. El público, a uno y otro lado de la calle podía apreciar el precioso desfile que fue famosísimo durante muchos años.
Seguramente hacía ciertas reglas para participar: caballos de calidad, vestimenta apropiada, monturas y aperos de caballería a todo lujo, etc.
Me acordé de aquellos desfiles este primero de agosto, cuando en mala hora se me ocurrió ir al restaurante el Churrasco en frente de la rotonda el Güegüense para poder apreciar el desfile, del cual salí francamente decepcionado.
En primer lugar, junto a la esquina del Churrasco y ocupando la bocacalle hacia el oeste, la Alcaldía autorizó la instalación de un enorme palco que impedía la visibilidad. El desorden de la hípica era notable.
Antes los jinetes iban uno tras otro o de dos en dos exhibiendo su destreza. Hoy en día en la calle aparece todo género de vehículos, motocicletas, grupos de gentes, algunos caballos chapiollos montados por cipotes que van ahí como si fueran a la fiesta patronal del más remoto de los pueblos.
De repente aparecía un buen caballo montado por un mozo de hacienda, mal vestido. Luego, cuatro o cinco caballos en tumulto, algunos jinetes llevaban a pequeños niños, lo que les impedía el manejo adecuado del animal y les quitaba la elegancia que pudieron haber tenido. Durante largo rato no pasaba ningún jinete. Al rato un señor gordo montando un hermoso corcel y junto a él otros caballos de inferior calidad. En el desorden no se podía apreciar la calidad de algunos de los caballistas muy buenos que participaron en el desfile.
Crítica bien intencionada. Creo que falta orden en las actuales hípicas. Creo que habría que crear ciertas reglas para la participación en el desfile. Debería haber una inscripción previa de quienes quieran participar, un reglamento adecuado para seleccionar caballos y jinetes.
La ruta del desfile debería estar libre de cualquier obstáculo. La alcaldía debería instalar una valla provisional para que el público pueda estar tras ella disfrutando del desfile. En todo el trayecto solamente debería apreciarse a los jinetes en sus cabalgaduras. Así el público, a ambos lados de la calle, podría aplaudir con entusiasmo a los caballistas que se distingan por su elegancia y pericia. En fin. Creo que se necesita orden, regulación, reglas del juego para participar. Teniendo todo esto el desfile hípico de agosto, recobraría el esplendor de antaño.
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