La difusión y el gusto por los narcocorridos no ha mermado, basta entrar a cualquier cantina o restaurante en Culiacán para escucharlos en vivo, en vídeos en pantallas gigantes o en roconolas a todo volumen. LA PRENSA/ AFP/Yuri CORTEZ

¿Música o apología del delito?

Los habitantes de Sinaloa, noroeste de México, cuna de los principales capos mexicanos de la droga, no tienen empacho en cantar y escuchar narcocorridos en calles, cantinas y restaurantes desafiando la reciente prohibición oficial a la difusión de estas canciones.

CULIACÁN/México/AFP

Los habitantes de Sinaloa, noroeste de México, cuna de los principales capos mexicanos de la droga, no tienen empacho en cantar y escuchar narcocorridos en calles, cantinas y restaurantes desafiando la reciente prohibición oficial a la difusión de estas canciones.

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  • Una de sus canciones, El Bazucaso, narra un enfrentamiento entre militares y los pistoleros de ‘El Chapo’. “Es uno de los que más nos piden”, confiesa Aldo Alberto García, integrante de Los Tres de Sinaloa, que toca en una cantina cerca del mercado de Culiacán, donde miles de discos piratas de narcocorridos se integran a un entorno donde la cultura del narcotráfico salta a los ojos.
Camisas estampadas con rifles se mezclan con botas y cintos. Abundan también joyerías donde se puede encontrar una cacha de pistola con incrustaciones de oro a 850 dólares u otras de esmeraldas, brillantes y rubíes, que simulan la bandera de México, por 17,000 dólares.

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“Volamos cabezas al que se atraviesa, somos sanguinarios, locos bien ondeados. Nos gusta matar”, resuena a todo volumen una canción desde el estéreo de una camioneta en una gasolinera de Culiacán.

Este género musical, cuyas letras narran hazañas de narcotraficantes, sus aventuras, amores y enfrentamientos con policías y militares, se han convertido en una crónica popular de la descarnada lucha contra el narcotráfico en México.

“Haya narcocorridos o no haya narcocorridos, pos (pues) la violencia no va a parar”, dice llanamente un cantante que mira hacia todos lados con una guitarra en la mano y espera en la calle a que alguien lo contrate, junto a sus dos compañeros.

Ataviados con sombreros, camisas rancheras y botas vaqueras, decenas de estos músicos llegan todas las noches a una calle del centro de Cualiacán, capital de Sinaloa.

Este Estado, tierra de Joaquín “Chapo” Guzmán, considerado el capo del narcotráfico más poderoso por la revista Forbes, prohibió en mayo difundir narcocorridos en lugares que venden alcohol. Hasta ahora han sido clausurados 36 de ellos.

Conforme la violencia recrudece, esta música ha dado paso a una nueva corriente denominada Movimiento Alterado, cuyo contenido más fuerte ha llamado la atención de autoridades y expertos.

Los narcocorridos rompen una versión no oficial de la lucha antidroga. “Lo que sucede es que el Estado mexicano no es un narrador confiable. Algunos de sus partes de guerra son tan fantasiosos como cualquiera de los narcocorridos”, explica Juan Carlos Ramírez-Pimienta, autor del libro Cantar a los narcos .

Más allá de Sinaloa los narcocorridos son populares a lo largo del norte de México y traspasaron la frontera con Estados Unidos, convirtiendo a Los Ángeles “en el epicentro de los narcocorridos”, considera el académico.

“Allí el gran público son los migrantes, gente ajena al crimen pero que los decodifica y se queda con lo que le gusta: los valores del antihéroe. El corrido cautiva a los migrantes, que compensan así su temor a la autoridad que los persigue”, concluye el especialista.

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COMENTARIOS

  1. Marcus
    Hace 15 años

    Asi les gusta vivir a esta gente. Realmente son mas jinchos q mandados a hacer. Por eso estan como estan.

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