Después de la deuda

Tras un tira y afloja entre demócratas y republicanos que fue objeto de amplia cobertura periodística, se llegó a un acuerdo sobre el incremento del techo de la deuda en Estados Unidos.

Por Juan Vega González

Tras un tira y afloja entre demócratas y republicanos que fue objeto de amplia cobertura periodística, se llegó a un acuerdo sobre el incremento del techo de la deuda en Estados Unidos.

Hasta la semana pasada, la gente pensaba que el techo de deuda era el problema. Ahora se habla de las preocupaciones sobre la salud de la economía mundial, en un entorno en que los países están más endeudados y la confianza de los consumidores continúa cayendo.

Lo preocupante es el enorme crecimiento de la deuda de los Estados Unidos en los últimos seis años. En 2005 dicha deuda alcanzaba 7.5 trillones de dólares, equivalentes al 50 por ciento del producto bruto del país. A julio de 2011 la deuda se duplicó a 14.5 trillones, equivalentes al 100 por ciento del producto.

Con el incremento, la deuda llegará a 120 por ciento del producto. A ese ritmo, en un par de años el límite de deuda superará el 170 por ciento, nivel en el cual Grecia tiene problemas para cubrir sus obligaciones, y se ve obligada a pagar intereses cada vez mayores, precisamente por su elevado endeudamiento.

Existe resistencia creciente de los inversionistas (especialmente China), que típicamente compraban bonos de deuda del tesoro de norteamericano, a seguir prestando más dinero a un país altamente endeudado.

Lo anterior abre la probabilidad de que los Estados Unidos se vean obligados a “monetizar su deuda”, es decir a imprimir más dinero para poder comprar y pagar sus propias deudas.

Si esto sucede, la inflación continuará su ritmo creciente, debido a que la creciente emisión de dinero (no respaldado por producción real), generará mayores pérdidas del valor del dólar en relación a los bienes reales como los alimentos y la gasolina, entre otros.

A pesar de la enorme cantidad de dinero que se ha emitido para tratar de rescatar la economía, se mantiene un entorno económico poco favorable.

En Estados Unidos los índices de producción se han reducido a los menores niveles de los últimos dos años y los índices del valor de las acciones en la bolsa de valores han iniciado un rápido descenso.

En Europa, los datos económicos son decepcionantes y la preocupación de los inversionistas por la solvencia de Italia y España obliga a dichos países a pagar cada vez mayores intereses por sus crecientes deudas.

Existe una renovada preocupación de que el fondo de rescate de la zona euro podría no ser suficiente para proteger a sus economías más grandes, si las mismas se ven en dificultades de pagar sus deudas.

El dinero sigue perdiendo valor. Esta situación nos obliga a reflexionar, a mejorar nuestra educación financiera y a invertirlo para que nos produzca un rendimiento mayor a la inflación; o transformarlo en bienes que no pierdan de valor con la misma, como el oro y la plata, entre otros.

 

(*) Director de PROMIFIN, programa auspiciado por la Cooperación Suiza en América Central ejecutado por Triodos Facet. [email protected]

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