Emigdio Quintero Casco

De WikiLeaks al zurrón diplomático

De la valija diplomática sólo nos quedó su descripción y un leve recuerdo. Eso ocurre cuando la tecnología avanza con fuerza derrumbando oficios, cosas y las palabras que las refieren. ¿Volverá vigorosa en una nueva versión, como las viejas canciones que se grababan en discos de acetato? Y digo esto, porque hace poco escuché decir a un exembajador nicaragüense que con el destape de WikiLeaks, probablemente las cancillerías van “a volver al uso de la valija diplomática”, para mantener su comunicación con las misiones del exterior en forma segura y confiable. La Convención de Viena, sobre Relaciones Diplomáticas, establece que “la valija diplomática no podrá ser abierta ni retenida”, pues goza de inmunidad. Y con ese cuento se cometieron abusos y se construyeron relatos propios para la historia de la infamia.

Este zurrón diplomático —que viene de zorro, con todas sus mañas y su desprestigio— confeccionado de cuero y lona impermeable, llegó a ocupar tanta relevancia y personalidad en la comunicación oficial, que tenía altas medidas de seguridad: candados, cadenas, precintos de plomo, membretes y un acompañante con sus respectivos arneses, para garantizar su inviolabilidad. Por lo general, el acompañante se montaba al avión esposado al zurrón, para evitar cualquier extravío, saqueo, filtración o maniobras del enemigo. En caso de conflictos extremos, el embajador se encargaba de viajar a su país, para informar a su amo de viva voz, si el conflicto estaba en el nivel rojo, amarillo, chicha o negro tormentoso.

En aquella época de la mensajería en mula, las cartas personales, comerciales y oficiales se elaboraban con máquinas de escribir mecánicas, porque no existía la computadora ni el internet. Y los documentos secretos del gobierno se redactaban como acertijos, con palabras cruzadas, con cifrados compuestos de números, letras y otros garabatos, y en el exterior, el único que podía poner en cristiano el mensaje recibido era el clavista, un personaje casi invisible y encapuchado en su propia sombra.

Si las cancillerías optaran por recuperar la valija diplomática, significaría que se volvería al pasado; se confirmaría la vulnerabilidad de las comunicaciones electrónicas y los certeros ataques de piratas informáticos. Otra cosa, habría dificultad para encontrar en el mercado máquinas de escribir de las viejitas, ni se podría conseguir cintas bicolores, y las secretarías de la era electrónica pondrían resistencia a todo cambio trasnochado; y el diplomático en el exterior se sentiría como perteneciente al cuerpo diplomático de los picapiedras.

Los que creen que “todo tiempo pasado fue mejor”, olvidan que la valija diplomática tiene su historia negra. En el pasado, algunos funcionarios violaron los reglamentos y acuerdos internacionales y convirtieron este zurrón de cuero en vagón de contrabando; y por ese punto ciego traficaron joyas, licores, animales en franco proceso de extinción, drogas, armas de guerra, piezas arqueológicas de museos inexpugnables, etc. Por ahí pasaron miles de dólares para financiar acciones terroristas, campañas presidenciales y otras cosas macabras que el mismo diablo ya olvidó. El crimen organizado trató muchas veces de meter su mercadería en valijas diplomáticas falsas. Son muy pocos y raros los que se empecinan en recordar las cosas malas.

Fallidas las posiciones nostálgicas y anacrónicas, la valija diplomática no se reeditará. La verdad es que un e-mail tiene la suficiente capacidad para sustituir una valija diplomática, reduciendo tiempo, espacio y costo. ¿Los gobiernos, entonces, tendrán su internet paralelo, para continuar jugando a la guerra, a la intriga y a la distribución de “cuechos” de la clase política, que sin pudor exhibe sus liviandades, vicios y gratificaciones?

Por lo menos WikiLeaks destapó lo que no se sabía y apenas se sospechaba, el secretismo, el lenguaje del relajo y el caos, al levantarle la cobija al discurso oficial; y todo esto va a tener una fuerte incidencia en las nuevas formas de hacer diplomacia.

El autor es director del Proyecto Educativo

www.comunicate.edu.ni

 

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