“La falla de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes”. Winston Churchill
El verdadero político es un servidor que se monta en el tren burocrático para velar por y para el pueblo, priorizando todas sus necesidades; acepta ser el servidor supremo de la nación y no jefe supremo. Aquel ciudadano que no ejerza el poder público desde esta perspectiva humanista no es un verdadero político.
Un partido está conformado de ciudadanos para ciudadanos, en base a todas las propuestas de gobierno para conectarse con sus electores, siguiendo trámites legales como lo dicta la Constitución de la República.
El no cumplir con los trámites puede ser reclamado por la ciudadanía. Pero pasan cinco años y esos ciudadanos que ostentaron el poder se transforman en seres sin valores, con tantos privilegios acumulados que existe un abismo entre ellos y la gente común perdiendo su conexión.
Verdadero es que todos los partidos políticos necesitan de líderes pero no de “un máximo líder”; nunca ese tipo de líderes son indispensables. El trabajo en equipo es la base de todo partido y lo vemos en los negocios, deportes, familia, escuela etc. ya que “la unidad hace la fuerza”. El problema es que dentro de los partidos encontramos muchos histriones con grandes egos a quienes no les interesa servir, solo estar bien sentados; y su idea de estar en el partido es enteramente para llegar al poder, odian los cuadros intermedios pues son sus posibles relevos, y allí se pierde el equipo, dejando al pueblo sin interlocutores.
Analistas afirman que en los últimos veinte años los actores políticos nicaragüenses siempre han sido los mismos. Siendo un país con una población joven, donde casi el 70 por ciento posee menos de 30 años, debería de existir una frescura dentro de los partidos políticos.
Por el contrario cerca de un 80 por ciento de ese sector se encuentra displicente hacia la política además que los mismos partidos no promueven el afiliarse; es más indirectamente rechazan la entrada de jóvenes preparados y con aportes vigentes.
Será que a nuestros partidos políticos no les gusta rodearse de jóvenes profesionales, sino de aduladores que en su mayoría son veteranos desfasados.
El político debería de saber que un hombre inteligente muestra su inteligencia al contratar y rodearse de personas más inteligentes que él.
Nuestro país no goza de una democracia estable, eficiente y bien organizada y lo vemos en los partidos políticos que tienen por meta democratizar el país, ¿y cómo la van a lograr si no lo practican en el interior de sus organizaciones? encontramos las mismas disputas, confrontaciones y debates sobre temas y asuntos donde el consenso es muy difícil de obtener.
Esa actitud narcisista desemboca en divisiones en la cúpula y la creación de nuevos partidos políticos. José Enrique Rodó enfatiza lo dicho anteriormente asegurando que “los partidos políticos no mueren de muerte natural; se suicidan”. En estas elecciones hay varios partidos políticos que sobreviven por negociaciones carroñeras.
Los nacientes partidos aun con la decrepita estabilidad política, poseen un punto a su favor y es “el beneficio de la duda” de que harán las cosas distintas.
Tendrán que revisar muy a fondo sus promesas electoreras y cumplirlas y no hacer una campaña demagoga, que decepciona e incentiva la apatía en el pueblo al no verlas cristalizadas. Deberán ser congruentes con sus promesas y practicar lo que enseñan en su disputa electoral.
Convendría para consolidar su servicio al pueblo, que los padres de la patria presenten una cláusula que obligue a cumplirlas; pero reconozco que por su naturaleza estos harán oídos sordos.
Nunca es tarde para encauzar un modus operandi nefasto y entender que lo que continuaremos heredando es un país decrépito y vulnerable a la corrupción.
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