Por Wilder Pérez R
A 20 horas de que inicien las fiestas populares de Managua, en honor de Santo Domingo, la algarabía ya se siente en el ambiente de la capital.
Los comerciantes amanecieron instalando sus caramancheles, las distribuidoras de bebida levantaban sus toldos, y el Palo Lucio estaba estaba listo para retar a quienes intentaran escalar hasta su punta.
Bajo un cielo nublado, el humo que emanaba debajo de los peroles de vaho y sopas de res hacía sentir el olor a fiesta.
A falta de música, las cajillas de gaseosa y cervezas advertían la parranda que se aproxima en el camino que va desde Las Sierritas, al sur de Managua, hasta la parte norte del Mercado Oriental, cerca del antiguo centro de la ciudad.
Cada 1 de agosto unos 100 mil creyentes y comerciantes se unen a la fiesta más importante de la capital, en una romería que se extiende por diez kilómetros y dura al menos 12 horas.