En estos últimos meses hemos visto con profundo dolor y preocupación la partida de las embajadas de países amigos que, por muchos años, estuvieron firmes con nosotros metiendo el hombro para levantar nuestra nación en los momentos más duros que hemos vivido los nicaragüenses en las últimas décadas.
Me refiero a Holanda, Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia, países que desplegaron su oportuno y generoso apoyo a Nicaragua a raíz de la caída de la dictadura somocista en 1979, cuando vieron en nuestro país la esperanza de una nueva democracia en el corazón del continente americano.
A pesar de la desilusión que pocos años más tarde sintieron al ver alejarse al gobierno sandinista de sus postulados originales de pluralismo político, economía mixta y no alineamiento, jamás nos abandonaron durante la guerra que en los años ochenta mantuvo a Nicaragua siempre necesitada de manos amigas.
Su entusiasmo con nuestro país volvió a renacer a raíz de las primeras elecciones libres de la historia del siglo XX, que llevaron a la presidencia de la República a doña Violeta de Chamorro en 1990.
Esa renovada voluntad de contribuir con la democracia nicaragüense se manifestó con claridad en los apoyos que nos brindaron en las reuniones anuales del Grupo Consultivo para conseguir donaciones y préstamos blandos, y también en el perdón de las deudas vencidas.
Con su apoyo Nicaragua logró pasar de la guerra a la paz mediante las elecciones de 1990 que ellos observaron. Y logró superar la hiperinflación, reemprender el crecimiento de las exportaciones, reducir inmensamente su deuda externa y poner en marcha numerosos programas de salud, educación y alivio para los más pobres.
Estos países también nos metieron el hombro en temas tan variados como la reparación de las plantas eléctricas, el cuido y explotación racional de los bosques, el correcto manejo de los recursos del mar, el aumento del abastecimiento de agua potable y otros muchos temas de gran importancia para nuestro desarrollo.
Y más importante aún, nos señalaron que el camino que conduce al progreso económico y social es la buena gobernabilidad, el respeto a la ley, la justicia imparcial y a tiempo, la defensa de los derechos humanos, la equidad de género y la seguridad ciudadana, principios fundamentales que nos enseñaron con su ejemplo, lo que les ha dado un altísimo nivel de vida a sus pequeños países.
En su relación con Nicaragua jamás utilizaron su ayuda para propósitos partidarios, nunca la cortaron por razones políticas ni por ninguna otra razón, ni privilegiaron a unos grupos por encima de otros. Su apoyo fue siempre a Nicaragua.
Pero ahora se han ido, o han anunciado que se van. Se escucha decir que han comentado en privado que parten decepcionados por una suerte de involución en el avance de la democracia, por la fuerte proliferación de la corrupción gubernamental, y desalentados por la negativa del actual gobierno a transparentar el tema electoral. Su excusa oficial ha sido que han surgido otras prioridades en otras partes del mundo.
La verdad es que no será fácil que regresen. La nueva realidad de las economías emergentes en China, India, Brasil y otros países del mundo, y las dificultades que está pasando la economía europea, harán casi imposible su retorno, aunque volviésemos a desterrar la corrupción y enderezar la gobernabilidad democrática.
Nos queda solo la esperanza que esos largos años de generosa cooperación sean sustituidos por una vigorosa inversión de empresas y empresarios de cada uno de esos países, que vengan a generar empleos y a producir bienes y servicios que podamos exportar y ofertar también internamente.
Las empresas holandesas, muy parecidas a las noruegas, las suecas, las danesas y demás, tienen presencia en muchas partes del mundo, en toda clase de negocios, y son pujantes. Aquí bien podrían establecerse en temas de pesca y forestería, en agroindustrias de exportación y productos lácteos, en empresas de tecnología y fabricación liviana, en generación de energías renovables y muchos otros rubros.
Pero una cosa está clara: si no adoptamos pronto las lecciones que con su ejemplo nos dieron estos países mientras estuvieron con nosotros, si no volvemos al camino del Estado de Derecho, la buena gobernabilidad, la transparencia institucional, el combate a la corrupción y la honestidad electoral, estas empresas no vendrán. Y en ese caso nos quedaremos sin Beatriz y sin retrato, es decir, sin cooperación y sin inversión.
En manos de todos nosotros está el hacerlo o no. Pero estos países amigos han cumplido con Nicaragua al darnos el ejemplo del camino hacia el progreso y apoyarnos durante muchísimos años. Para ellos, nuestro sincero aprecio como nicaragüenses agradecidos.
El autor es ingeniero.
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