Así lo confirmó el jefe de policía del distrito de Stlendingen, Frank L kken, a la edición digital del rotativo local Aftenposten, alegando que han preferido explosionar “cierto material” donde fue hallado en lugar de trasladarlo a dependencias policiales por motivos de seguridad.
Por su parte, el fiscal de la policía de Oslo, Trine Dyngeland, confirmó la decisión de los artificieros y agregó que la detonación se había llevado a cabo en una zona boscosa próxima a la granja propiedad del agresor.
Behring Breivik, que planificó los atentados con mucho tiempo, había alquilado una granja al norte de Oslo, oficialmente para cultivar legumbres.
No obstante, ningún portavoz policial quiso informar sobre el tipo de material explosivo detectado y la cantidad, tal y como hizo el lunes en la tarde el responsable policial Pl-Fredrik Hjort Kraby, que señaló que ese tipo de datos pertenecen a las investigación en marcha.
Hasta ahora tan sólo había trascendido que las fuerzas de seguridad se habían incautado de tres toneladas de fertilizantes en la propiedad rural de Breivik en 193sta, la mitad de la cantidad total que el autor del doble atentado había adquirido para fabricar explosivos.
A principios de mayo, compró seis toneladas de abonos, según la central de compras agrícolas.
Dos horas antes de irrumpir en un campamento juvenil y tirotear a decenas de jóvenes, el ultraderechista e islamófobo Breivik hizo explotar un potente coche bomba en el barrio gubernamental de Oslo, que mató a ocho personas, hirió a una treintena y provocó graves destrozos en cuatro edificios.
EFE y AFP
[/doap_box]
OSLO/EFE
El abogado de Anders Behring Breivik, el autor confeso del doble atentado de Noruega que mató a 76 personas, sugirió ayer que su defendido “está loco” y vive en un mundo paralelo.
“Todo este caso apunta a que él está loco”, contestó ayer de forma escueta y algo tensa el abogado Geir Lippestad en un encuentro con los medios, en el que relató públicamente los primeros contactos con el ultraderechista e islamófobo.
Lippestad apuntó que “aún es demasiado pronto” para hacer cualquier valoración definitiva sobre el estado mental de su cliente y remitió a los exámenes psicológicos que le practicarán en los próximos días dos especialistas.
El abogado agregó que Breivik se ve “como un guerrero” y cree que está en “estado de guerra”, por lo que siente justificadas sus acciones, que ve como “necesarias”, aunque “Occidente no las entienda”.
“Espera que esto (el doble atentado) desencadene la guerra, una revolución en Occidente”, indicó después de señalar que Breivik había consumido “drogas” antes de la tragedia.
Asimismo, el abogado reiteró que su defendido afirma que su organización cuenta con “dos células” en Noruega y varias más en otros países, algo que la policía sigue investigando.
DIFERENTE A LOS DEMÁS
Lippestad asintió afirmativamente al ser interrogado sobre si su cliente esperaba que sus células prosiguiesen en el futuro su trabajo. “Odia a cualquier persona que no sea un extremista. Odia a cualquiera que sea demócrata y que defienda los valores democráticos”, subrayó el abogado. “No lo puedo describir. Él no es como ninguno de nosotros”, dijo.
Sin embargo, le retrató como una persona con una “visión de la realidad muy rara” y “muy difícil de explicar”, alguien “muy frío”, que vive en “una burbuja”, y que habla en exceso de su “manifiesto”, el documento de 1,500 páginas con sus pensamientos que difundió a través de internet horas antes de los atentados.
Breivik, que se encuentra en vigilancia especial para que no intente suicidarse, le ha reconocido a su abogado que esperaba que los medios estuviesen ayer en su comparecencia ante el juez, pues “quería explicar por qué” hizo explotar un coche bomba contra los edificios del Gobierno en Oslo y luego tiroteó a unas cien personas en el campamento de las juventudes socialdemócratas.
Por último, señaló que el agresor se mostró “un poco sorprendido” de que su matanza, “planeada durante años”, saliese tal y como la había proyectado, pues contaba con que la policía le detuviese antes.
CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD
El fiscal Christian Hatlo estudia la posibilidad de imputar a Breivik “crímenes contra la humanidad”. En este caso, la pena podría ascender a 30 años, once más que el máximo previsto en el código penal para los crímenes terroristas.
Mientras tanto, el ministro de Justicia noruego, Knut Storberget, se vio obligado a salir en defensa de las fuerzas de seguridad, acusadas de responder de forma tardía y descoordinada a las peticiones de auxilio del campamento en la isla de Utoya, donde el agresor mató a 68 jóvenes.
Storberget calificó de “fantástica” la gestión policial del doble atentado, aunque no descartó la posibilidad de realizar una investigación interna sobre la actuación policial.
Según las fuerzas de seguridad, la imposibilidad de emplear el único helicóptero policial para esta operación llevó a las fuerzas especiales a trasladarse primero por tierra y luego a encontrar una embarcación apropiada para alcanzar la isla. Además, primero dieron una cifra de 92 muertos y el lunes dieron cuenta de 76.
Por su parte, las investigaciones prosiguieron su curso y la policía reveló por la tarde la filiación de las primeras víctimas mortales confirmadas.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A