* Por Ana Salgado
El fetichismo sexual o erótico alude a un comportamiento sexual en el que el individuo se excita al concentrarse en un objeto inanimado o en una parte del cuerpo humano.
Según esta definición, todos tenemos un poco de fetichistas, porque todos tenemos algún “gusto” particular en la cama: A los hombres les puede gustar ver a su pareja vestidas de cierta manera —con minifalda, escote o tacones de aguja— y a las mujeres les puede gustar que su pareja les hable de cierta manera durante el sexo.
Los fetiches son más comunes en hombres y se diagnostican como un problema, cuando causan conflictos sociales, laborales o relacionales a la persona que los sufre.
Es decir, que los fetiches son un problema cuando el objeto tiene que estar presente para que la persona pueda conseguir la excitación y cuando el objeto fetiche se vuelve más importante que la persona que lo usa o lo tiene. Por ejemplo, si a un hombre le gustan las botas altas, tipo palillona, sin importarle en qué mujer estén puestas, entonces hay un problema.
Esto puede provocar un problema en las parejas cuando el fetichista exige la presencia del objeto durante el encuentro sexual o solo se enfoca en una parte corporal de la pareja, por ejemplo los pies, sin atender a la persona como tal. Cuando esto sucede, la otra persona tiende a sentirse usada o como que “no fuera suficiente”.
Existe tratamiento para los fetiches, pero la mayoría de los fetichistas no buscan tratamiento sino que encuentran parejas sexuales que estén cómodas con sus fetiches e incluso que los compartan para poder disfrutarlo juntos. Este es el caso en la mayoría de los fetichistas.
En contadísimos casos, llegan a ser agresivos o abusivos para conseguir la satisfacción de su fetiche.
No comprendemos aún 100 por ciento cómo se originan los fetiches, pero las teorías más aceptadas, actualmente, sugieren que los fetiches pueden surgir en la adolescencia, cuando el adolescente recurrentemente incorpora el objeto o la parte corporal a sus fantasías durante la masturbación.
La asociación entre esto y el placer que se experimenta durante el orgasmo fortalece la asociación fetichista. Otro momento en que se puede originar un fetiche es la infancia.
Se ha observado que muchos fetiches tienen que ver con cosas que asustan a muchos niños —aplastar insectos o reventar chimbombas— y se cree que el niño asocia el miedo de la infancia a la excitación sexual en la adolescencia y se establece el fetiche.
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*La autora es terapeuta sexual y de parejas.
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