La última vez que el equipo de beisbol de Carazo se metió a un playoffs, el país estaba gobernado por Somoza, Denis Martínez era prospecto en las Ligas Menores con los Orioles y Alexis Argüello recién se estrenaba como campeón.
Fue en 1975. Desde entonces, ha pasado bastante agua bajo el puente, y lo peor, Carazo ha fallado en todos sus intento por sacudirse la mediocridad de encima.
El colmo es que hasta se había ausentado del beisbol nacional y muy pocos lo habían notado.
Sin embargo, ha regresado con fuerza y se encamina a rescribir su historia. A través de una tropa de bateo explosivo y pitcheo consistente, Carazo se volvió el mejor equipo de la liga y el primer clasificado para a semifinales.
El fundamento lo tiene en su ataque, apuntalado por Jilton Calderón y Danilo Sotelo, fortalecido además por Esteban Ramírez, más Henry Chávez e Iván Marín, con Diego Sandino y Freddy Corea liderando el pitcheo.
Quizá este Carazo no tenga nombres rimbombantes como los del club de los años setenta, en el que resaltaban los históricos Pedro Selva y Vicente López, más Róger Barberena, Róger Narváez y Denis Laguna, pero sus planes son más que clasificar.
Aquel conjunto avanzó a la final en 1973, cuando se jugó un round robin entre León, Chinandega, Masaya y Carazo. Lo hizo al año siguiente cuando compitió con Bóer, Estelí y Chinandega. Y por última vez en 1975, tras un llamativo desempeño.
En ninguna de esas experiencias, el resultado fue positivo para Carazo, pero la meta ahora es capturar el campeonato y parece disponer del material humano y, sobre todo, del hambre para conseguirlo.
Desde los días de los famosos “Panzers”, Carazo no se agitaba tanto por el beisbol como ahora. Y los fanáticos no piensan en algo distinto al título.
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