Todos los organismos internacionales relacionados con la defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos en general, y los periódicos libres e independientes de América Latina, entre los cuales se incluye el diario LA PRENSA de Nicaragua, han declarado y siguen declarando su solidaridad con el diario El Universo, de Ecuador, ante la brutal agresión que está sufriendo de parte del régimen autoritario de Rafael Correa.
Precisamente en base de una demanda de Correa, quien es uno de los gobernantes más agresivos de los que forman parte de la alianza internacional izquierdista denominada Alba , un juez penal ecuatoriano condenó a El Universo (uno de los periódicos más antiguos, respetables y de mayor circulación en el país ecuatorial), a pagar una multa de 40 millones de dólares por haber publicado supuestas injurias contra Correa. Además, el funcionario judicial correísta sentenció a tres directivos del diario, los hermanos Carlos, César y Nicolás Pérez, lo mismo que al exeditor de opinión Emilio Palacios, a cumplir tres años de prisión.
La descabellada sentencia contra El Universo se debió a la denuncia del presidente Correa, de que en un artículo de opinión firmado por Emilio Palacios y publicado en el diario el 6 de febrero pasado, se aseguró que durante la insurrección policial ocurrida el 30 de septiembre de 2010, el presidente Correa había ordenado disparar a “discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente”.
En su artículo de opinión personal titulado “No a las mentiras”, Palacio escribió que “el dictador (Correa) debería recordar que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo a una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin aviso contra un hospital lleno de civiles”. Como se recordará, en aquella ocasión Correa se refugió en un hospital de la ciudad de Quito cuando los policías se insubordinaron en demanda de reivindicaciones gremiales, hecho que fue calificado por el presidente como un intento de golpe de Estado y del cual acusó a sus adversarios políticos y críticos, de Ecuador y otros países.
En un editorial de El Universo publicado inmediatamente después de la insólita sentencia judicial que de hecho es una condena a la muerte del periódico, se dijo que “se ha sentenciado a los directores porque el Diario publicó la opinión de uno de sus columnistas, esto significa que la prensa no puede reproducir opiniones, ni declaraciones de políticos, ni de empresarios, ni de deportistas, ni de dirigentes populares, ni de sus lectores, ni de ciudadano alguno, porque sería responsable de lo que ellos digan. Es una intimidación que llevará a la autocensura y al silencio. En otras palabras, se limitan la difusión del pensamiento y la circulación de las ideas”.
Por su parte, los directivos del periódico condenados por ejercer la libertad de prensa y el derecho de opinión, han denunciado públicamente ante la sociedad ecuatoriana y la comunidad internacional, que con esa monstruosa sentencia penal el gobierno de Rafael Correa pretende, además de castigar brutalmente al diario El Universo, imponer la autocensura y amordazar a todos los medios ecuatorianos, es decir, a los que no son oficialistas ni se han sometido al régimen autoritario correísta. Y al respecto la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), al condenar la desmesurada sentencia penal contra El Universo la calificó como un “grave zarpazo a los más esenciales principios de la libertad de información”. Y denunció la SIP en un comunicado firmado por su presidente, el periodista guatemalteco Gonzalo Marroquín, que con esta sentencia el gobierno de Rafael Correa “continúa con su sistemática e intencionada campaña para acabar con la prensa independiente y establecer, por ley o por vía judicial, el patrimonio de la verdad que deben consumir todos los ecuatorianos”.
Evidentemente, este no es un problema solo de Ecuador. La hostilidad y la agresión contra la prensa independiente, la pretensión de imponer la autocensura e inclusive hacer desaparecer la libertad de expresión, es común en todos los países gobernados por caudillos populistas e izquierdistas radicales, que son precisamente los que pertenecen al Alba de Hugo Chávez y entre los cuales se encuentra también, para desgracia de Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega.
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