Cuando la mañana del 9 de julio leí las primeras noticias sobre el asesinato del cantautor Facundo Cabral, no me pareció lógico que las razones fueran ideológicas como se apresuró a declarar la Premio Nobel de la Paz y candidata a la presidencia de Guatemala, Rigoberta Menchú, quien aseguró que Cabrales fue asesinado “por sus ideales” y por la “derecha fascista”. No cupo en mi cabeza que aún el más perverso de los seres, contrate sicarios para matar a un poeta que cree en Dios, ama la vida, y admira con devoción a Madre Teresa de Calcuta No tenía ningún sentido asesinar a un pacifista, porque aunque pudiera molestar con sus verdades a los poderosos, éstos saben que no son las palabras por sí solas las que pueden quitarles la vida; no es por causa de ellas que requieren vehículos blindados ni chalecos antibalas.
- No tenía sentido político asesinar a un pacifista porque aunque molestara con sus verdades a los poderosos, las palabras por sí solas no pueden quitarles la vida. No es por ellas que requieren vehículos blindados ni chalecos antibalas.
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Con las noticias del 10 de julio, lo sucedido comienza a tener sentido para armar mi propio rompecabezas. De acuerdo a subsiguientes pesquisas, aparentemente el objetivo de los sicarios era Henry Fariñas, un nicaragüense radicado en Guatemala, quien dirige una empresa encargada de organizar conciertos de artistas internacionales, propietario de centros nocturnos en varios países de Centroamérica, yerno del Jefe de la Policía de Guatemala (desconozco si se refieren al jefe actual) y además asesor parlamentario en Nicaragua, de la bancada sandinista. Sin duda, un personaje “bien conectado” en Guatemala y Nicaragua. Sin embargo, tengo una interrogante: Si Fariñas era el objetivo, ¿por qué decidieron atacarlo justo cuando Cabrales lo acompañaba? ¿Significaría entonces que los criminales utilizaron al cantautor como una especie de luz de bengala para señalar a Fariñas, o a alguien más? El problema es que quizá jamás se sepa la verdad, porque cada día que pasa la versión inicial cambia, posiblemente para proteger a los “peces gordos”.
La verdad es que Facundo Cabral, sin sospecharlo, tomó la decisión equivocada al aceptar la propuesta de Fariñas de que él personalmente lo llevaría al aeropuerto La Aurora al día siguiente. en lugar de tomar el “shuttle” del hotel, tal y como lo tenía previsto.
Lamentablemente Cabral resultó ser una víctima más de las cientos de personas que a diario son asesinadas, violadas, golpeadas y robadas en los países centroamericanos. Tal vez este absurdo asesinato, haga que la ciudadanía despierte y demande de sus gobiernos serias y eficientes políticas públicas que detengan esta ola de violencia. ¿Qué han hecho efectivamente las autoridades correspondientes para detener la violencia en Centroamérica?
En Nicaragua pasaron en los noticieros un video sobre la participación de la Policía Nacional en la conferencia internacional sobre seguridad en Centroamérica realizada recientemente en Guatemala. Pero las noticias de los diarios y los testimonios de las propias víctimas demuestran que gran parte de lo que fueron a decir son falsedades, y que si en otros tiempos la Policía Nacional demostró profesionalismo y eficiencia, ahora esto es más propaganda que realidad. ¿Puede ser Nicaragua un país seguro cuando te quitan la vida por un celular, un par de tenis o una computadora? ¿Es seguro un país donde la violencia contra las mujeres y las niñas, es el pan de todos los días, y los agresores quedan impunes, e incluso ostentan altos cargos en el gobierno? ¿Será seguro Nicaragua con una Policía incapaz de proteger la libre circulación de vehículos y personas y de meter en cintura a las agresivas turbas pro gobierno? Un país, donde Poder Judicial, Fiscalía y Contraloría están controlados por partidos políticos, y funcionan basados en sus intereses y no por lo que dicta la Constitución, ¿será el lugar indicado para asentarse e invertir?
Lo contradictorio es que mientras la gente común se las ingenia para defenderse de los delincuentes, esta Policía que habla maravillas de sí misma ocupó mil quinientos efectivos policiales y gastó más de cien mil dólares en pocas horas, únicamente en protección personal del presidente Daniel Ortega, cuando asistió a una actividad partidaria.
Los resultados finales de las investigaciones; quizá den respuesta a mis preguntas: ¿Por qué razón el representante de Cabral, David Llanos, puso a este artista de gran nivel en manos de una persona cuyo negocio son los prostíbulos de lujo? Si Facundo Cabral ya había pasado por Nicaragua, ¿qué lo traía por segunda vez?
Dios, a quien tanto mencionaba el poeta, lo tenga en su Gloria.
La autora es psicóloga
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A