Podría ser creíble que cierto desconocimiento o la falta de Dios en el mundo secular en parte se debe al apasionamiento motivado por los avances científicos y tecnológicos globalmente obtenidos; y por los que muchos estudiosos, al sentirse sedientos de ingerir mayores éxitos con nuevos conocimientos, que casi siempre por la misma razón están al alcance de quienes bajo su hechicero efecto, sumergiéndose en ellos por entero, descuidan a veces lo más importante de su existencia.
Lo que también de cierta manera afecta a muchos en distintos niveles sociales, disfrutando lo que pueden de tan novedoso adelanto a los que se hacen adeptos, llegando a veces a la exageración. Olvidándose también de su innato origen y destino que es para todos invariable; y que cambia únicamente por arbitrio propio, el que con la vida viene del Creador de todo lo existente, que es a la vez: única fuente de sabiduría. La que por la semejanza que a los seres humanos nos da, todos recibimos sus destellos, que quien utiliza según su propio criterio.
Por lo que muchos que tradicionalmente han sido bautizados en la fe cristiana viven alejados de la Iglesia asistiendo solamente en ocasiones especiales; y que regularmente se conoce como religiosidad popular; desconociéndose en muchísimos casos el valor intrínseco de la sagrada eucaristía, que es médula, razón de ser y el tesoro invaluable de la Iglesia y del mundo entero; pero que no solo sabe valorar quien lleva incrustado en su fuero interno, el preciado don de la Fe, que es gracia que Dios da a todo el que con humildad se la pide.
La sagrada eucaristía la instituyó Nuestro Señor Jesucristo en la última cena, que para celebrar la Pascua judía tuvo con sus apóstoles la víspera de su cruento martirio, en el que por su infinito amor, siendo él Dios y hombre, se ofreció como holocausto para redimirnos. Mas, conociendo nuestra fragilidad humana, ha querido además quedarse en la ostia consagrada en el bendito Sagrario de su iglesia, para desde allí ser luz, camino y guía del que con humildad buscándole decide seguirle.
Los apóstoles, a excepción de Judas, el traidor, fueron consagrados por el mismo Jesucristo en el cenáculo y enviados a cumplir su misión evangélica, cuando compartiendo el pan y el vino les dijo: haced esto en conmemoración mía. Después de la resurrección gloriosa de su Maestro, fueron a llevar la buena nueva a distintos lugares; y así, casi todos confirmaron su fe con el martirio. En aquella memorable cena, fundó la Iglesia el mismísimo Jesucristo, siendo su Vicario el apóstol Pedro; Y por generaciones sucesivas de sacerdotes, en la Eucaristía está siempre presente Jesús como cohabita en el corazón de los que con humildad se le entregan.
Hay centenares de ejemplos comprobados de la presencia viva de Jesús eucarístico. Pueden verse en Internet en la sección Milagros Eucarísticos Yahoo.com. Más cuando falta la gracia de la fe, los agnósticos, soberbios y ególatras, llenos de autosuficiencia y absoluto desconocimiento de Dios, tergiversando la verdad a veces promueven atroces delitos como el cometido la madrugada del pasado 14 de junio en la parroquia San Agustín, siendo el mayor sacrilegio acontecido en mucho tiempo; y solo queda pedir a Dios misericordioso les permita arrepentirse y que cese tanta maldad en nuestra sufrida patria.
El autor es miembro de Cuidad de Dios y Redentor Hominis.migdonioblandó[email protected]
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