Franklin Barriga López

Guerra a las drogas

El director de la oficina de la ONU contra la Droga y el Delito, Yury Fedotov, al entregar al Consejo de Seguridad de ese organismo el informe mundial 2011, aseveró que el narcotráfico erosiona la estabilidad, la seguridad y el desarrollo, por ello solicitó reforzar la respectiva lucha, dentro de una estrategia de respuesta global, regional y nacional, ya que millones de personas mueren anualmente debido a las prohibidas sustancias y a los delitos conexos.

Estas declaraciones resumen la filosofía que orienta a las Naciones Unidas en torno al narcotráfico calificado, con acierto, por esa misma entidad, como crimen en contra de la humanidad y de responsabilidad compartida: los efectos de este mal agobian a todos los países, sin excepción, con absoluta falta de respeto a fronteras, soberanías y dignidad de las personas y los pueblos. ¿Por qué ponen trabas o no brindan el apoyo necesario algunos Gobiernos a la guerra contra las drogas que incumbe al orbe en su conjunto? La respuesta llega cuando se descubren los protervos intereses que animan a esos inconsecuentes o corruptos regímenes.

La Conferencia Internacional de Apoyo a la estrategia de Seguridad de Centroamérica, efectuada en Guatemala, concluyó con el aporte de la comunidad internacional por unos dos mil millones de dólares, para financiar en esa región planes de combate al crimen organizado y al narcotráfico que es su punta de lanza. Bien por ello y porque la batalla sea decidida y permanente para derrotar a la barbarie que encarnan los narcos y sus aliados. No hay que olvidar que, en la zona centroamericana y por causa de los cárteles de las drogas y las pandillas, cada día acontecen 52 asesinatos, lo que le convierte en la región de más alta criminalidad en el planeta.

Especialmente por su localización geográfica, como en América Central, también están dirigiéndose al Caribe las miras de los narcotraficantes, ubicándose como de mayor riesgo República Dominicana, Haití, Jamaica y Puerto Rico. Toneladas de cocaína y centenares de kilos de heroína son capturados, al igual que malandrines de reconcentrada peligrosidad. Esas paradisíacas islas, así como los pintorescos países centroamericanos, se encuentran en alto riesgo por lo anotado, de allí que el apoyo internacional debe sumarse eficientemente al esfuerzo de las respectivas autoridades nacionales. ¿Por qué no solicitarlo, brindarlo o recibirlo, para el pertinente éxito?

Contundente evidencia de que el narcotráfico no es invencible es el testimonio del general Óscar Naranjo, director de la Policía de Colombia, país catalogado como el primer productor mundial de cocaína. Afirmó dicho oficial que el área de cocales se ha reducido de 180 mil a 57 mil hectáreas y que la producción del alcaloide de 800-1,000 toneladas métricas ha descendido a 330-350 toneladas.

De seguir este ritmo de ardua lucha en varios frentes, desde la prevención hasta el consumo, la interdicción y el lavado de activos, con la imprescindible colaboración externa sí es posible neutralizar a una de las mayores plagas sociales del tiempo contemporáneo que tiene colosal y corrosivo poder económico, mientras los recursos de los países en vías de desarrollo son insuficientes.

El autor es periodista ecuatoriano.

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