Querida Nicaragua: Mis adversarios políticos suelen tratar de descalificarme con tres argumentos, para ellos contundentes.
Primero: que soy viejo. Segundo: que cuento cuentos. Tercero: injurias, calumnias, burlas, descalificaciones y todo género de mentiras.
El tercer punto no lo tomo en cuenta porque no acostumbro contestar injurias, ni calumnias, ni mentiras. Mucho menos sabiendo de dónde vienen.
El primero y el segundo son absolutamente ciertos. Pero la gran diferencia es que yo soy un viejo con ideas jóvenes y ellos son unos jóvenes con ideas viejas. Yo quiero una Nicaragua con justicia y sin corrupción. Ellos quieren mantener el mismo sistema corrupto, sin Estado de Derecho y donde cualquier funcionario robe cuanto quiera.
Yo quiero reducir salarios exagerados y prebendas para utilizar ese dinero en fortalecer la salud, la educación, la apertura de caminos vecinales, la creación de empleos y muchas cosas más que nos hacen falta.
Ellos quieren aumentar salarios y prebendas, seguir permitiendo la corrupción y el desorden administrativo y continuar la ruina en que se encuentran actualmente las instituciones del Estado.
Yo quiero eliminar las libres introducciones que sangran la recaudación aduanera. Ellos quieren que todo siga igual o peor sin importarles el desorden y el robo.
Yo quiero un Seguro Social que esté al servicio de los trabajadores y que les pague sus pensiones respectivas a quienes tengan derecho a ellas. Un Seguro Social que tenga compasión de los pobres ancianitos que llegan a mendigar sus escuálidas pensiones.
Ellos quieren que el Seguro Social siga siendo caja chica del Gobierno y que se dilapide el dinero que le pertenece a los asegurados y sus familias.
Yo quiero que no haya pobres. Gobernar empeñándome en terminar con el flagelo de la pobreza permanente de nuestro país. No quiero cabalgar sobre la pobreza para condicionar el voto electorero. Ellos quieren que haya más pobres para seguir aprovechándose de la miseria del pueblo.
Yo quiero un Tribunal Electoral con un presidente ejecutivo y varios funcionarios, todos de reconocida trayectoria moral y profesional. Ellos quieren que siga todo como está. Al parecer les parece ideal el actual Consejo Supremo Electoral.
Yo quiero tratar de rebajar el número de magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Que en lugar de 16 sean seis o siete. Ellos quieren dejar las cosas como están y que la justicia siga de capa caída.
Yo quiero una educación integral con valores cívicos y democráticos y sin ningún asomo de propaganda partidaria para los educandos. Ellos quieren que sigan las banderas rojinegras en las escuelas y los retratos de don Daniel en las oficinas de los directores.
De manera que sí, yo soy un viejo con ideas jóvenes y ellos son jóvenes con ideas viejas.
De modo que el pueblo tendrá que escoger entre un viejo joven o un joven viejo.
Para hacer estos cambios y muchos más se necesita un hombre viejo o joven, pero que sienta compasión por su pueblo, que quiera a Nicaragua como yo la quiero, que no piense en intereses personales ni de partido, sino en los sagrados intereses de la patria. Hay viejos con ideas jóvenes y hay jóvenes con ideas viejas. El pueblo escogerá.
El autor es director de Radio Corporación
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