Nos gusta hacer alarde de nuestros títulos académicos que respaldan el ejercicio de una profesión. Nos encanta que nos digan: doctor, licenciado, ingeniero, etc., como si el título que cuelga en nuestras oficinas concretara nuestra personalidad. No es el título el que nos ennoblece sino la dignidad y responsabilidad con que ejercemos la profesión. Vivimos épocas de competencia y los esfuerzos por estar al día es motivo de preocupación para muchos profesionales.
Hoy, por desgracia, la profesión de padre ha perdido en parte su valor. Vivimos tiempos en los que el ejercicio de la paternidad parece no tener importancia. Basta fijarnos en hogares en los que la imagen del padre es algo lejano o más triste todavía, desconocida. El hombre de hoy no asume la conciencia y la responsabilidad de que ser padre es desempeñar en el hogar una función tan importante como la de la madre, aunque distinta. Por desgracia muchos hombres claudican en esta misión que conlleva obligaciones nacidas de la grandeza de la paternidad. Paternidad, una profesión que pocos ejercen con la responsabilidad que pide.
La misión de ser padre es algo que debe aceptarse libre y responsablemente, pues compromete para toda la vida si se es capaz de vivir las alegrías y las exigencias de la paternidad. Ser padre forzosamente implica aceptar las obligaciones que conlleva la misión de dar la vida, grandeza que se dignifica al pensar que los hijos son el mayor tesoro que Dios ha puesto en nuestras manos. La misión del padre debe ejercerse junto con la de la madre en la formación de los hijos, su mayor responsabilidad.
Todo niño es un aprendiz de lo humano y para eso necesita de escuela y buenos maestros. El hogar está llamado a cumplir ese objetivo. La misión del padre, ser maestro. Decimos que el niño es un animal de imitación pues de manera inconsciente trata de reproducir lo que ve. El mejor camino para educar al hijo es ser modelo de los valores que el hijo debe tener. El niño copia y lo hace del modelo más cercano, el padre. La identificación es el aprendizaje cuando el niño no tiene capacidad de juzgar pero sí de imitar. ¿Hay conciencia de la importancia de esta imagen en los primeros años de la vida de los hijos?. En estos años la figura del padre aparece en segunda fila, detrás de la madre porque esta es más cercana, pero siempre respaldando la actuación de la madre.
Deficiente resulta la educación de los hijos cuando toda la tarea debe realizarla la madre. Lástima que tantos padres abdiquen en esta profesión, como si nada tuvieran que trasmitir a sus hijos. Se olvidan de que todo padre está llamado a dejar en pos de sí, un reguero de luz, de trabajo y de vida que ilumine las sendas de los hijos.
Dichoso el padre que pueda concretizar en su manera de ser los ideales del hijo. Admirable respuesta la de aquella joven que al preguntarle ¿qué es para ti tu padre? contestó: Después de Dios, mi padre es lo más grande en mi vida. ¡A cuántos les gustaría escuchar de sus hijos algo parecido. Es una invitación para mejorar nuestra profesión de padres. Con mejores profesionales de la paternidad habrá mejores hogares y en consecuencia hijos más felices. ¿Estamos de acuerdo?
El autor es psicólogo y orientador familiar.
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