Cuenta Homero en el Canto XIV de La Ilíada, que Hera estaba observando desde lo alto del Olimpo una de las batallas de la guerra de Troya, cuando, de repente, vio que Zeus, su hermano y esposo, se encontraba en la cumbre del monte sagrado. Ida mirando igualmente el desarrollo de los combates.
Fue entonces Hera a donde estaba su esposo y este al verla le dijo: “Vamos, acostémonos y gocemos del amor. Jamás la pasión por una diosa o por una mujer se difundió por mi pecho, ni me avasalló como ahora”.
Zeus era un compulsivo sexual. Aprovechaba su poder como principal dios del Olimpo para satisfacer su desmedido apetito carnal con diosas y hembras mortales. Y además se jactaba de ello, como se advierte en esta conversación con Hera que es narrada por Homero.
En este pasaje de La Ilíada, Homero pone en boca de Zeus la relación de sus conquistas femeninas, divinas y mortales, al parecer contadas a su esposa con el propósito de halagarla, al decirle que entre todas es ella, Hera, la preferida.
“Nunca he amado así —le dice Zeus a Hera—, ni a la esposa de Ixión, que parió a Piritoo, consejero igual a los dioses, ni a Dánae, la de los bellos talones, hija de Acrisio, que dio a luz a Perseo, el más ilustre de los hombres, ni a la celebrada hija de Fénix, que fue madre de Minos y de Radamanto, igual a un dios, ni a Sémele, ni a Alcmena en Tebas, de la que tuve a Hércules, de ánimo generoso y de Sémele a Dionisio, alegría de los mortales, ni a Ceres, la soberana de hermosas trenzas, ni a la gloriosa Latona, ni a ti misma como con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera”.
De manera que, son siete las mujeres, divinas y mortales, que menciona Zeus como sus amantes, alardeando ante Hera o quizás halagándola. Sin embargo, a juzgar por la fama de Zeus y lo que sobre él dicen los mitólogos, fueron muchas más las mujeres diosas y humanas seducidas o sometidas por el dios supremo del Olimpo. Para lo cual, cuando se trataba de hembras mortales y porque estas no podían verlo en su fulminante esplendor, adoptaba diversas formas, desde la de un buey cuando raptó a Europa, o de un cisne, cuando sedujo a Leda, hasta la de una lluvia de oro cuando poseyó sexualmente a Dánae, quien se encontraba encerrada en lo alto de una torre por voluntad de su padre Acrisio.
Según Francisco Sánchez Jiménez, profesor de la Universidad de Málaga, España, la mención de esas mujeres de Zeus que hace Homero en La Iíada, no es para poner en evidencia un modelo “don juanesco” de la mitología griega. “Zeus no necesita entrar en competencia con nadie contra quien blandir una extensa nómina de mujeres burladas —dice el estudioso español en su escrito Las Mujeres de Zeus, que fue publicado en la revista El Importuno —, ni el engaño estéril es su objeto cuando las seduce apasionadamente dejándolas sistemáticamente embarazadas, ni mucho menos las olvida en un breve lapso ”
El propósito, según el profesor malagueño, es crear el paradigma de la conducta heroica de la mitología, ya que los hijos que las diosas le han parido a Zeus son dioses ellos mismos, pero los que engendra en mujeres mortales son héroes, como Perseo, Hércules, o Helena, la de Troya.
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