Humberto Belli Pereira

“Hasta que la muerte nos separe”

Ortega aspira a dejar el poder en ataúd. En su toma de posesión se casó con el poder e hizo el juramento interno de conservarlo hasta que la muerte lo separe. La conocida expresión de su socio Tomás Borge, de que ellos jamás volverían a entregar el poder, es una manifestación de lo mismo. La raíz de esta actitud no es tanto ambición desmedida o lujuria por el poder, aunque esto esté presente, sino más bien un factor ideológico que conviene entender.

Ortega no cree en la democracia representativa. Él no ve méritos en el sistema que somete a los gobernantes a la voluntad popular. Sus componentes —elecciones libres, pluripartidismo, libertades y derechos ciudadanos inalienables, separación del poder en ramas con su correspondientes pesos y contrapesos— que muchos consideran como un logro civilizador que ha traído paz y prosperidad a las naciones que los han practicado, para Ortega son manifestaciones de una despreciable “ideología burguesa impuesta por el imperialismo occidental”.

Ortega cree en sistemas políticos como el cubano, donde un partido y líder ejercen a perpetuidad el poder sin admitir competencia o rival. De visita en dicho país en el 2009, alabó el sistema de partido único, afirmando que la existencia de varios partidos divide a la nación —pensamiento compartido por los totalitarismos de izquierda y derecha—. “Partido viene de partir”, decía el líder fascista español José Antonio Primo de Rivera, “nosotros queremos unir”. Ortega admira inmensamente a Fidel Castro y ha declarado públicamente su apoyo y solidaridad a dictadores —o tiranos— como Hussein y Gadafi, que no han tenido escrúpulos en aplastar las libertades públicas para imponer sus proyectos políticos.

Si Ortega no ha impuesto aún un sistema de gobierno más afín a su pensamiento y corazón, es porque las circunstancias se lo han impedido. Con mucho candor lo confesó públicamente en el Foro de Sao Paulo, realizado en Managua: “Los sandinistas hemos sido obligados por las circunstancias históricas a batallar en el campo electoral para ganar espacios”. Su dique, lo que lo frena de acabar con las instituciones y prácticas propias de la democracia burguesa, han sido presiones o factores contrarios a su voluntad.

Las implicaciones de esta realidad son tremendas. Una de ellas es que la democracia ganada en Nicaragua desde el inicio de la transición que inauguró doña Violeta está en grave peligro. El actual presidente, dueño del partido mejor financiado en la historia del país, está dispuesto a destruirla. Él no cree ni en las elecciones, ni en la libertad de prensa y asociación, ni en la separación de poderes. El desmantelar estas molestas instituciones “burguesas” que limitan su capacidad de acción es un asunto de correlación de fuerzas. Si las que lo frenan se debilitan avanzará rápido. Si no, lo hará despacio. Pero difícilmente cesará en su esfuerzo por erosionar los remanentes democráticos. En el mejor de los casos los utilizará solo de nombre, para guardar las apariencias. En el peor las sustituirá por modelos de participación ciudadana totalmente controlados por su partido.

Otra implicación es que una vez más en su historia Nicaragua carece de un consenso nacional mínimo sobre los marcos institucionales —las llamadas reglas del juego— en el que todos han de participar. En Chile, por ejemplo, al igual que España, Estados Unidos y otros países, pueden ganar el poder la derecha o la izquierda. Pero independientemente de quién triunfe hay un marco mínimo que todos respetan. Uno de ellos son las elecciones como mecanismo para escoger gobernantes. La existencia de ese marco mínimo proporciona a los países un sentido de estabilidad y continuidad extremadamente valioso para aumentar y consolidar el progreso. No es casualidad que las sociedades más prósperas y felices del planeta lo tengan. Con Ortega tenemos un líder empeñado en refundar la república e imponer unilateralmente un modelo que ya probaron los fascismos y comunismos con resultados calamitosos.

¿Podrá lograrlo? Todo depende, como él bien dice, de “las circunstancias históricas”. Lo esperanzador es que estas no las hacen las fuerzas de la naturaleza sino la voluntad de los hombres y mujeres que componen el llamado pueblo. Si este decide perder el miedo, como exhortan los obispos, el proyecto de Ortega tropezará con una pared de granito. Dios no derriba a los poderosos mandándoles un rayo, sino a través de las acciones de los mismos hombres.

COMENTARIOS

  1. Josefa Blanco
    Hace 15 años

    Acertado palabra por palabra. genial don Humberto. Lo mas triste es ver a miles que se tienen que poner un traje de zombi para sobrevivir, pero hay aquellos que en publico se han convertido en batracios.

  2. JOSE DAVID LAGUNA
    Hace 15 años

    Debemos aprender de nuestras propias experiencias, y de las ajenas
    las lecciones que da la vida y la historia. En las elecciones anteriores
    en Venezuela la oposicion no salio a votar, resultado:Todos los votos
    del congreso cayeron en poder de Chavez.En Honduras ya sabemos
    lo que paso con Zelaya. Lo del bachiburro salen sobrando los detalles.
    Entonces tenemos que salir a votar. Si mas adelante aparece en Nica
    ragua «otro» Zelaya y que no aprendio la leccion.Sacarlo del pais «y sui
    cidarlo»

  3. fultp
    Hace 15 años

    Queda hacer conciencia en todos y cada uno de los votantes, incluyendo los danielistas, que es necesario utilizar el «voto castigo» para demostrarle a Daniel que el respeto a Nuestra Constitucion y las leyes debe prevalecer por sobre su voluntad de reelegirse. Como en 1991, el orteguismo puede ser derrotado en las urnas electorales.

  4. Raul Rivas
    Hace 15 años

    Ortega no solamente cree en sistemas políticos como el cubano; el va mas allá en cuanto admitir competencia o rival ya que incluye también a elementos dentro de su partido que le puedan hacer sombra. La Dirección Nacional ya no existe, Herty Lewites, Vilma Núñez, Victor Hugo Tinoco, Alejandro Martínez Cuenca, Dionisio Marenco y últimamente Lenin Cerna han sido marginados, -según se dice- por intrigas de la Sra. Primera dama que parece que es la que comparte una buena cuota del poder.

  5. roberto
    Hace 15 años

    que todavia no comprendo, todos nosotros recordamos las declaraciones del Sr. Borge, pero no recordamos las de la Sra. Murillo. En resumen, Ortega, cree que el llego alli para pernoctarse en esa posicion de forma permanente y ha tomado todas las medidas necesarias, para hace desaparecer la independencia de los otros poderes de la nacion asi como la de los entes autonomos, los que simplemente han sido reducidos a ejecutar sus ordenes y deseos.

  6. roberto
    Hace 15 años

    Ortega recien instalado en el poder, como presidente de nuestra nacion, hizo a lusion a los programas sociales que el tenia pensado llevar a cabo durante su administracion, pero que los mismos iban a necesitar mas de un periodo presidencial de su parte, fue secundado por las Sra Murillo, la cual asevero que el FSLN, no iba a dejar el poder, y que tomarian las medidas necesarias para que la derecha no volviera a retomar el poder. Esas palabras, encerraban un contenido nefasto y que por cosas

  7. Pedro Belli
    Hace 15 años

    ¿Y quién va a contar los votos? El «resultado» de las elecciones dependerá del conteo honesto de los votos. ¿Y esa honestidad quién la garantiza?

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