Orlando López-Selva

¿Un mundo milyunanochesco?

Por el desierto, beduinos montados en camellos cabalgan huyendo de los ataques de franceses y británicos. En medio de la angustiada caravana se contorsiona un jeque que llora la muerte de sus hijos y la pérdida de sus palacios llenos de oro, mármoles de Carrara, perlas de Ormuz, fragancias parisinas. Ha sido traicionado por los infieles y alzados bereberes que le han desconocido. Bajo su turbante negro, su rostro languidece empequeñecido por el miedo y la impotencia.

¿Será ahora un perseguido atormentado que por las noches sueña que le arrastran y escupen hasta el suplicio? ¡Ahora siente encarnada la rabia que le consume y comprende que la ingratitud y la traición humanas le acechan como dagas en su cuello!

Siente un terror kafkiano: ¿En qué momento un todopoderoso se transforma en un escarabajo que las turbas malagradecidas ahora quieren pisotear?

¿Donde están los que le seguían y ahora huyen por Europa denunciando —a cambio de un asilo clemente—, los aposentos y refugios del líder que ya marcha a la deriva entre dromedarios y cabras?

¿Cuántas veces fue más cierta la ponzoña de un alacrán que los abrazos de aquellos impíos occidentales a quienes colmó de fragancias y obsequios mientras les recibía en su palacio?

Con furia envenenada recordó tantos halagos. Le reverenciaban casi como al profeta descendiente del Misericordioso. Hoy sus detractores le persiguen más allá de las dunas, y pérfidamente, ahora exhiben alfombras persas o alacenas egipcias con ostentación, como si fueran exóticos regalos de un faraón extinto. ¡Como han olvidado la nobleza de un hombre que ha querido unir las puertas de Oriente y Occidente—como otrora sus antepasados lo hicieran cuando tradujeran la filosofía aristotélica, enseñaran la gracia del arco arábigo, la bella caligrafía, la magia numérica y literaria del álgebra, y las especias con que adobaran sus gulas!

¡Todo fue vanidad y cálculo efímero! ¡Qué ingrato es Occidente que abjura de los que abrieron sus tiendas para que el infiel se colmara del poder y riquezas de una civilización indulgente con las debilidades europeas.

¿Dónde está la sharía que no alcanza también al infiel injusto que olvidó que, en mucho su progreso viene de esas arenas límpidas y mágicas que prodigan el dátil y el higo para el sediento y mueven las máquinas de progreso mortal?.

Sherezada tal vez contará mañana que en Sharm el-Sheik otro hombre vive y muere el mismo pavor: sus aduladores le traicionaron y ahora son sus verdugos. Su bella esposa está enferma y pocos se conduelen de su débil corazón. Todos huyen. Y los pocos que le acompañan —que muy pronto pueden vender su “lealtad” por una sentencia indulgente—les endilgan para sus adentros culpa y horror. El mar Rojo se avizora sangriento y el tesoro de sus arcas es menos útil.

O tal vez el relato sea en Bahréin, en Siria, en Túnez o en Yemen. ¿Son estos relatos árabes de realidad casi fantasiosa, dos caras de un mismo plano?. Todo es un barullo de magia y torbellinos.

En África del Norte y Medio Oriente sobreviven líderes atormentados porque la paz en sus cuasi reinos es una lámpara pérdida. En cada harén, murmurantes doncellas presienten el inminente final. La luna es más pálida. Las palmeras apenas agitan sus brazos. Sombra y duda, mal y desaliento, destierro y falsía anuncian su oscura aparición —como en un poema oriental— de Longfelow.

La traición está a punto de hacer su debut cuando el furor del viejo caudillo—jeque— merma por la carga de su soberbia. Todas las miradas son peligrosas. No hay sueños sino pesadillas. No hay días sin temor o dudas. La desconfianza y la ingratitud son inferencias fáciles en cada gesto o rumor. El veneno inmisericorde o la daga corva pronto pueden sorprenderles y tirarles a los mármoles del infierno.

¡Cuánta razón tenía Maquiavelo! ¡Se repiten uno por uno los dilemas de Hamlet! La imaginación lo predijo todo. El lobo hobessiano ha salido a las calles aullando que la función se prolonga y augura un cataclismo mundial. Ha corrido mucha sangre en los bazares de tiranía y codicia.

Todos estamos ansiosos y aturdidos. Todos somos Harum Al Raschid.

 

El autor es experto en relaciones internacionales

COMENTARIOS

  1. Jose Castillo
    Hace 15 años

    Sr. Lopez-Selva, al grano, pareciera una lamentacion de lo que le pasa a Khadafi y otros lideres del medio Oriente. Se lo tienen bien merecido.

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