El poeta y curador de artes plásticas Julio Valle Castillo dice con frecuencia que la cultura es cara. Cierto. Producir obras de alcance artístico como editar un libro, montar un espectáculo musical o teatral es caro. Esculpir, pintar un cuadro; la restauración de monumentos y pinturas es inmensamente cara. De ahí que en un país pobre como Nicaragua esta clase de obras sea realmente escasa. La Vía Sacra de la Catedral de León ha sido restaurada recientemente gracias al aporte económico del Grupo Ortiz Gurdián. Alta fue la inversión, más de doscientos mil dólares. Solo un grupo económico poderoso y con intereses culturales pudo asumir semejante costo.
En Chinandega, la firma Coen ha restaurado varios templos católicos. Para mi modesto y leal conocimiento, los monumentos antiguos, sobre todo los templos no se deben pintar. Se pudieron restaurar sin embadurnarlos con pinturas chillonas que dicen mal del conocimiento estético y del buen gusto del donante. Guardando las distancias, ¿qué dirían los expertos en arte sacro si los franceses pintaran su Catedral de Notre Dame? Aunque es discutible para muchos el acierto de haber montado una pirámide de vidrio en la entrada del Museo del Louvre de Paris.
Cuando Europa aún no se reponía de los estragos de la segunda Guerra Mundial, países como Francia e Italia vivían del turismo, pero de un turismo cultural. España lo mismo, después de la Guerra Civil. Le llamaban turismo cultural porque poco podían ofrecer estos países en cuanto a hoteles confortables y lujosos a los que estaban acostumbrados los turistas ricos de Oriente y América. Se las ingeniaban para inducir al turista a visitar sus monumentos semirruinosos algunos, pero ofrecían catálogos estupendos con historias y leyendas sobre los mismos y guías ilustradísimos que respondían satisfactoriamente preguntas de los turistas curiosos o cultos.
Recientemente, una señora mexicana que visitaba Nicaragua por primera vez, decía que quiso informarse sobre el país por medio de algún catálogo y no encontró nada, ni un afiche, una oferta, nada en lo absoluto. Turismo tiene que reparar esa carencia de información sobre la empresa que maneja; siquiera a nivel de Hispanoamérica de donde procede, según informes de Intur, el mayor número de visitantes.
Nos parece oportuno sugerir que si en realidad van a editar catálogos de ofertas turísticas en número abundante, se tenga especial cuidado en la presentación y contenido literal de los cuadernillos; en algunos pocos que circulan localmente, hemos detectado fallas en la redacción y hasta faltas de ortografía.
Pero una sugerencia formal, lo que ha motivado este escrito es que se incluyan en las futuras guías turísticas visitas a lugares históricos del país. Es poco lo que Nicaragua puede ofrecer en complejos hoteleros de calidad si se comparan con las ofertas de Costa Rica, Panamá, incluso las de Honduras. Pero nosotros tenemos las ruinas del Castillo de la Inmaculada Concepción en los márgenes del río San Juan, río y Castillo preñados de historia. Las ruinas de León Viejo, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Tantos templos en León, sobre todo la Catedral. La Basílica colonial de El Viejo (Chinandega), más antigua que la misma Catedral leonesa.
Si Intur colabora con el Instituto de Cultura mediante un acuerdo favorable a ambas partes, podría incorporar a su oferta un “Turismo Cultural” muy atractivo para ciertos visitantes, porque aún entre los “turistas de mochila”, como se les llama, un poco peyorativamente, a los de escasos recursos, habrá algunos con inclinación a la cultura que deseen no solo playa y novedades culinarias sino eso entrañable que es conocer un país por su historia, sus manifestaciones artísticas, sus belleza intangibles.
Hay tantas cosas que se pueden hacer en Nicaragua para allegar recursos externos, de la llamada industria sin chimeneas. Montar El Güegüense siguiendo el modelo ya felizmente realizado de Alberto Icaza. No es inalcanzable para Intur, ni para Conatur (sí para el INC) ofrecerlo “gratis” a ciertos turistas. En el menú cultural que debe ser no algo aparte ni desligado de las demás ofertas sino incorporado a los programas turísticos se pueden proponer conciertos con la Orquesta Nacional. Los mismos bailes o ballet folklóricos que pagaría Intur, para deleite agregado a sus programas, promocionarían la cultura nacional y darían ese toque necesario al turismo para no encerrarlo en playas, deporte costero y la problemática oferta hotelera.
Intur y Conatur están en el tapete por el denunciado decaimiento de clientela. Podrían probar que la Cultura como valor agregado también produce réditos.
La autora fue diputada y directora del Instituto Nicaragüense de Cultura.
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