La ola de violencia en Yemen volvió ayer tras cuatro días de relativa calma mientras se cumplía una tregua entre simpatizantes del presidente Alí Abdalá Saleh y el jeque Sadek al Ahmar. LA PRENSA/AP/YEMEN LENS

Más protestas y represión

Trece soldados murieron ayer cerca de Zinjibar (sur), tomada por presuntos miembros de Al Qaeda desde el domingo, mientras siete manifestantes murieron bajo las balas de la policía yemenita que buscaba impedir la celebración de reuniones hostiles al régimen del presidente Alí Abdalá Saleh en Taez, un día después de otra matanza en esta gran ciudad del suroeste de Yemen.

SANÁ/AFP

Trece soldados murieron ayer cerca de Zinjibar (sur), tomada por presuntos miembros de Al Qaeda desde el domingo, mientras siete manifestantes murieron bajo las balas de la policía yemenita que buscaba impedir la celebración de reuniones hostiles al régimen del presidente Alí Abdalá Saleh en Taez, un día después de otra matanza en esta gran ciudad del suroeste de Yemen.

La muerte de los 13 militares lleva a 41 el número de militares y civiles fallecidos desde el domingo, cuando centenares de presuntos combatientes de Al Qaeda tomaron el control de esta ciudad, cabecera de la provincia de Abyane, bastión de la red extremista.

EE.UU. condenó ayer los “ataques indiscriminados” de la policía en Yemen contra los manifestantes antigubernamentales.

En la noche (hora local) dos obuses cayeron en Saná en el cuartel general de las tropas disidentes, anunció el entorno del general disidente Ali Mohsen al-Ahmar, información desmentida por las autoridades.

En Saná se rompió la frágil tregua entre la poderosa tribu de los Hached, bajo el mando del jeque Sadek al Ahmar, el más poderoso jefe tribal y simpatizantes del régimen de Saleh. Los violentos combates que se registraron tras cuatro días de relativa calma sucedieron en el barrio de Al Hasaba, al norte de la ciudad, donde está la residencia de al Ahmar.

Las autoridades acusaron al jeque Ahmar de romper la tregua, aunque fuentes allegadas a este contracusaron a las autoridades por haber reiniciado los disparos en su residencia.

Testigos indicaron que una columna de humo negro salía de la residencia del jeque, que el viernes había anunciado una tregua después de cuatro días de combates que dejaron al menos 68 muertos.

“La Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos recibió informaciones, pendientes de verificar, indicando que desde el domingo murieron más de 50 personas en Taez a manos del ejército, la Guardia republicana y otros elementos afiliados al gobierno“, indicó un comunicado del Alto Comisionado citando a la Alta comisionada Navi Pillay.

La sentada en la “Plaza de la libertad” fue reprimida “con cañones de agua, topadoras y balas“, agregó, dando cuenta también de “cientos de heridos”.

La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Catherine Ashton, se declaró “impactada” por el uso de la fuerza en Taez y pidió una vez más al presidente Saleh que firme “sin tardar” el plan de las monarquías del Golfo que prevé su salida.

La revuelta en Yemen y Siria, comenzaron a mediados de febrero, tras la ola de violencia bajo la que renunciaron los presidentes en Túnez y Egipto.

En Siria, el presidente Bashar al Asad decretó ayer una amnistía general, que la oposición calificó de demasiado tardía, pero la represión continuó en el centro del país, donde el ejército usó tanques y ametralladores matando al menos a tres personas.

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