Los jugadores del Barcelona festejan a lo grande su triunfo en la final de la Liga de Campeones, que ganaron ante el Manchester United. LA PRENSA/AP/Matt Dunham

EL Barcelona toca el cielo

Después de haber subido ciento nueve escalones para recibir la copa que le reconocía como el ganador de la Europa Champions League, el Barcelona se sintió más cerca del cielo.

Después de haber subido ciento nueve escalones para recibir la copa que le reconocía como el ganador de la Europa Champions League, el Barcelona se sintió más cerca del cielo.

En realidad, no necesitaba trepar hasta allá. Lo había tocado desde el propio campo de juego, escenario de su espectacular recital futbolístico ante el Manchester United, derrotado ayer 3-1 en Wembley por este fenomenal equipo español, que entre más se le exige, más se encumbra hacia la gloria.

A través de goles de magnífica manufactura, conseguidos por Pedro Rodríguez (27’), Lionel Messi (54’) y David Villa (70’), el Barcelona capturó su cuarto título de la Liga de Campeones, disipando cualquier duda respecto a su grandeza, cimentada en un buen futbol y resultados.

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  • Joseph Guardiola, quien ha dado cátedra de humildad, sensatez y respeto, no dejó pasar detalles ayer en la final de la Champions.
En una movida más simbólica que estratégica, Guadiola puso a jugar al capitán Carles Puyol, diezmado por varias lesiones, en la recta final del juego.

Y en un detallazo de Puyol este se quitó la cinta de capitán y se la dio a Eric Abidal, el defensa que le ganó la batalla al cáncer, para que levantara la copa.

En el Barcelona se ha fusionado el buen futbol con la grandeza del espíritu humano, sin duda.

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BARCELONA 3

MANCHESTER 1

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De la mano de ese sensacional jugador que es Messi, cuya energía física y optimismo creador lo tienen varios niveles encima de los demás, el Barcelona se repuso al aturdimiento que le causó un Manchester desbocado al inicio del partido y pronto puso las cosas en su lugar.

Después de esperar que pasara la tormenta, que duró diez minutos, el Barcelona buscó la bola, se apoderó de ella, y del partido. Y aunque Pedro falló a una gran ocasión generada por centro de Xavi, era evidente que los catalanes ya estaban jugando en las barbas del Manchester.

Moviendo la bola con la singular maestría que acostumbra, Xavi aceleraba o frenaba, pero de pronto encontró un hueco y centró a Pedro, quien, tras amagar con tirar cruzado, disparó al primer poste y Van der Sar no tuvo más que ver pasar el balón.

Para entonces el Manchester había retrocedido varios metros y el Barsa estaba en control, cuando de pronto Wayne Rooney se proyectó con el balón, hizo una pared con Ryan Giggs —en fuera de juego— y disparó con poder al ángulo de Valdés, para traer a su equipo de vuelta al partido, y se fueron al descanso 1-1.

No hubo ningún cambio en las alineaciones, pero el Barcelona vino más agresivo y, tras una falla de Dani Alves, Messi recibió pase de Andrés Iniesta y en un disparo seco desde fuera del área dio ventaja 2-1 a su club.

El Barcelona estaba encima y dando mucho trabajo a Van der Sar, y de tanto presionar al final se le hizo justicia y, tras ser habilitado por Pedro, David Villa se acomodó y acertó un potente remate para el 3-1 definitivo.

Unos instantes después Rooney trató de hacer lo mismo, pero la defensa española lo impidió y, a pesar de que se repitieron varias acciones peligrosas de parte de los ingleses, la cuenta regresiva hacia el final pareció acelerar, mientras la gloria y los homenajes aguardaban para este formidable club catalán.

El “Chicharito” Hernández, que suele jugar en el área enemiga, pasó desconectado gran parte del juego, a pesar de que al inicio fue quien más acentuó la presión sobre el Barsa. Al final reapareció en el cierre y cuando intentaba un remate Valdés se adelantó y neutralizó el peligro.

De ese modo el Barcelona comenzó a celebrar y, cuando el pitazo del árbitro Viktor Kassai dio por concluido el desafío, los 87,695 fanáticos congregados en Wembley estallaron en júbilo, no aplaudiendo, sino venerando a este admirable Barcelona.

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