“Mire profesor, yo no celebro el día de la madre el 30 de mayo porque es una fecha comercial, “para explotar los sentimientos de las personas” “Sí, y además también lo usan los políticos para manipular la sensibilidad del pueblo, lo pusieron en esa fecha porque era el cumpleaños de la suegra de Somoza, uno de los dictadores que ha tenido Nicaragua” “Producto de consumo de la cultura de masas y de la globalización”, estos fueron hace algún tiempo comentarios de mis alumnos de psicología social en la universidad. Difícil fue que escucharan mi punto de vista sobre la importancia de las fechas simbólicas en la cohesión de los grupos humanos, en especial de aquellas que refieren a una relación tan íntima y emocional, como lo es el binomio madre-hijo, soporte clave de la estructura de personalidad de cada ser humano y de las diferentes culturas; al final concluí: “Bueno, si mi madre encuentra especial que ese día se lo celebre y yo me siento bien en hacerlo, ¡pues se lo festejo!”.
El Día de la Madre ha calado muy hondo en nuestras tradiciones nicaragüenses y es que tiene una larga historia con profundos significados en diferentes dimensiones de la cultura nacional y universal. Para comenzar, mayo es el mes de María, la Madre de Jesús, y reúne en sentido religioso el símbolo de la MADRE Universal, celebrada desde siempre en todas las culturas, en la tradición occidental de la que somos en parte herederos, se conmemoraba en estas fechas a las diosas madres de las antiguas culturas europeas; en tanto, nuestros ancestros indígenas de tradición nahua celebraban a Cipaltonal, la diosa madre, creadora y protectora del género humano.
En el culto cristiano a la madre, la primera noticia clara que se tiene de la consagración del mes de mayo a María viene de Alfonso X, “el Sabio”, rey de España, en el siglo XIII; contemporáneamente se acepta que la forma actual de la celebración del Día de la Madre se origina en 1907, en Grafton, Virginia, cuando Ana Jarvis, ama de casa, en recordación a su madre fallecida impulsó una campaña exitosa a escala nacional para establecer el 10 de mayo como un día dedicado íntegramente a las madres estadounidenses, la respuesta fue tan favorable que para 1914 el presidente Wilson proclamó el Día de la Madre como fiesta nacional, que debía ser celebrada el segundo domingo del mes de mayo. El comercio norteamericano se encontraba en plena expansión y no tardó en encontrar en esta conmemoración una oportunidad de negocios, de tal forma que la misma Ana Jarvis demandó que se suspendiera la celebración, pero esta ya se había impregnado profundamente en la sensibilidad de la familia estadounidense y en la dinámica de mercado, de tal manera que su celebración se extendió rápidamente al resto del mundo.
En Nicaragua, en 1940 se oficializó el 30 de mayo como fecha de celebración del Día de la Madre Nicaragüense, mediante Decreto Legislativo Número 69, del 29 de mayo de ese año. El 30 de mayo era el cumpleaños de doña Casimira Sacasa, suegra del entonces presidente Anastasio Somoza García. En 1956 se establece que en los actos organizados en los colegios los niños entregarán una flor roja a su madre y le darán un beso en la frente. Para 1976, el 30 de mayo ya es una tradición plenamente asumida por la cultura nicaragüense y cuando ese año el gobierno de Anastasio Somoza Debayle, por razones laborales y financieras, pretende cambiar la celebración para el último domingo de mayo, hay una fuerte resistencia y protesta de la población. Reconociendo esta demanda popular, en mayo de 1980, mediante el Decreto 430, la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional determina nuevamente que a la madre nicaragüense se le rendirá homenaje el 30 de mayo de cada año, la certificación es firmada por el legislador Luis Sánchez Sancho, entonces secretario del Consejo de Estado.
Hoy, por sobre cualquier interés, el 30 de mayo es el amoroso Día de la Madre nicaragüense.
¡Felicidades esposa mía y gracias por las hijas que me brindaste!
¡Felicidades madre mía, gracias por la vida que me diste!
¡Felicidades madrecitas nicaragüenses!
El autor es Psicólogo Social
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