“La democracia en Nicaragua se encuentra en terapia intensiva”, y si los nicaragüenses permiten que el presidente Daniel Ortega “participe y gane las elecciones”, a pesar de las prohibiciones constitucionales que le impiden ser candidato, “en ese mismo momento ya no habrá normas, no habrá Estado de Derecho, lo habrán perdido todo; desconectarán los equipos y la democracia morirá”, advierte Ana Mercedes Díaz, exfuncionaria del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela.
Díaz y la también venezolana Carmen Cecilia Pérez participaron anoche en el foro Antídoto para el Socialismo del Siglo XXI, que promovieron la Unión Nicaragüense Americana (UNA) y el Movimiento por Nicaragua (MpN).
Basándose en la experiencia de Venezuela, las expositoras insistieron en la necesidad de que la oposición nicaragüense se una para frenar las violaciones que comete el presidente Ortega e impedir que este consolide su proyecto autoritario.
Además, criticaron a los partidos de oposición que participan en la contienda electoral nicaragüense, por actuar “complacientemente” para legitimar la candidatura ilegal de Ortega y el fraude que este estaría preparando.
Advirtieron que el posible fraude no consistirá solo en manipular el resultado electoral, sino que implica otros aspectos como la no elección de nuevos funcionarios electorales y convencer a la población, a través de encuestas engañosas, de una realidad que preparan.
LA CONSTITUCIÓN ES LA SOLUCIÓN
Sin embargo, Díaz dijo que la solución no es que los partidos se retiren del proceso electoral y dejen el campo libre a Ortega, como ocurrió en Venezuela, sino evitar que las elecciones se realicen, por las consecuencias que habrá.
También advirtieron a la empresa privada que las garantías y la libertad para hacer negocios, que ahora les permite estar “muy bien”, es una situación temporal que cambiará con la consolidación de Ortega en el poder, después de las elecciones.
Pérez explicó que la solución a esta crisis existe y está concentrada en la Constitución de la nación. Lo único que se necesita es que los nicaragüenses tomen conciencia de la gravedad de la situación, se levanten y exijan que se respete el orden jurídico del país y obliguen a las autoridades a restablecer el Estado de Derecho.
Considera que el liderazgo de la Iglesia, la sociedad civil y otros sectores puede guiar a la población cuando decida luchar por sus derechos.
Los últimos acontecimientos mundiales han demostrado que, aun sin un liderazgo fuerte que encabece las luchas de este tipo, los pueblos son capaces de salir victoriosos y resolver sus demandas, comentó Pérez.
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