En el seno del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), los representantes de los países centroamericanos comparten experiencias sobre programas que han implementado para reducir la pobreza extrema. Sin duda alguna muchos de los programas han sido exitosos, sin embargo ante las estadísticas de migración de los ciudadanos centroamericanos de los países que conforman el CA-4 (Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua), han resultado insuficientes.
Todas las sociedades toman medidas para ayudar a sus ciudadanos pobres. Pero lo que dan a los pobres casi siempre proviene de la cooperación externa y no de riqueza creada a lo interno de las sociedades. Por otra parte, a los economistas les preocupa la influencia de la redistribución en la eficiencia y en la moral de los países. Estas cuestiones han adquirido mayor importancia al aumentar la resistencia a las subidas de los impuestos.
Los primeros economistas creían que la distribución de la renta era inalterable. Sostenían que los intentos de reducir la pobreza por medio de intervenciones del Estado en la economía eran empresas insensatas que acabarían reduciendo simplemente la renta nacional total. Esta idea fue puesta en cuestión por el economista y filósofo inglés John Stuart Mill. Aunque advirtió contra las interferencias en el mecanismo del mercado, afirmó elocuentemente que los gobiernos podían reducir con sus medidas la desigualdad.
A finales del siglo XIX, algunos dirigentes políticos de Europa tomaron medidas que imprimieron un giro histórico al papel económico del Estado. Bismarck en Alemania, Gladstone y Disraeli en Gran Bretaña, seguidos de Franklin Roosevelt en Estados Unidos, introdujeron un nuevo concepto de responsabilidad del Estado del bienestar de la población.
Entre las medidas relacionadas con el Estado del bienestar se encuentran las pensiones, el seguro de accidentes y de enfermedad, el seguro de desempleo, el seguro médico, los programas de alimentación y de vivienda, las ayudas familiares y los complementos de renta para ciertos grupos. Todas estas medidas superan con creces las realidades y posibilidades económicas de nuestro país e incluso superan las realidades de cooperación externa con las que cuenta hoy día Nicaragua.
El Estado de bienestar apareció tarde en Estados Unidos y se introdujo en el New Deal de los años treinta con el seguro de desempleo y la Seguridad Social. La asistencia médica para los ancianos y los pobres se añadió en los años sesenta. La mayoría de los países de renta alta facilitan asistencia sanitaria universal a sus ciudadanos, pero tras un feroz debate en 1994, el Congreso de Estados Unidos decidió no aprobar las prestaciones sanitarias universales. Precisamente lo recientemente logrado en tal sentido por el Presidente Obama ya está en proceso de reversión por iniciativa de los Republicanos. En 1996, el gobierno federal dio marcha atrás eliminando la garantía de una renta mínima.
De lo anterior surgen preguntas como: ¿Cuáles son los diferentes conceptos de igualdad? Las sociedades democráticas defienden el principio de la igualdad de derechos políticos, que comprenden generalmente el derecho de voto, el derecho a un juicio justo y la libertad de expresión y asociación. En los años sesenta, los filósofos liberales defendieron la idea de que todo el mundo debía tener las mismas oportunidades económicas. En otras palabras, todo el mundo debía jugar con las mismas reglas y en las mismas condiciones. Todo el mundo debía tener las mismas posibilidades de acceder a las mejores escuelas, a la mejor formación y a los mejores puestos de trabajo. En ese caso, desaparecería la discriminación por razones políticas, ideológicas, raciales, sexuales o religiosas. Son muchas las medidas que se han tomado en el mundo para aumentar la igualdad, pero la desigualdad de oportunidades ha demostrado ser muy pertinaz e incluso en las sociedades desarrolladas falta mucho para alcanzar la meta de la igualdad de oportunidades económicas.
Otro ideal más transcendental es la igualdad de resultados económicos. En esta utopía, los individuos consumirían lo mismo independientemente de que fueran listos o tontos, trabajadores o perezosos, afortunados o desdichados. «De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades», es la manera en que formuló Karl Marx esta idea.
El debate sobre la redistribución nunca termina, algo similar ocurre en Nicaragua, en donde tarde o temprano se tendrá que realizar una reforma fiscal que será traumática para muchos y lo más importante aún, el crear instituciones y mecanismos que garanticen la transparencia, eficiencia y honradez en el manejo de los fondos públicos provenientes de los contribuyentes y de la comunidad internacional.
El autor es Consultor
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