A los dominicanos que tienen una estadía breve en Grandes Ligas, sus compatriotas les dicen que solo se tomaron una taza de café en las Mayores.
“Y a veces ese café te lo tomas sin azúcar”, dice Héctor Noesí, un derecho al que los Yanquis subieron durante varias semanas al inicio de la temporada y no utilizaron, sino hasta ahora, en su segundo paso por el big show.
En Nicaragua, vemos como hazaña el propio hecho de subir a las Grandes Ligas sin importar lo que se haga. Y es comprensible. Se alcanza tan pocas veces ese nivel, que casi les hacemos un monumento a nuestros big leaguers.
Antonio Chévez, uno de los mejores lanzadores a nivel local, con temporadas de 20 éxitos y más de un no hitter en un mismo torneo, actuó cuatro veces en las Mayores y en ocho entradas, toleró diez hits y 11 carreras, para un terrible 12.38 en efectividad.
Devern Hansack subió y aunque lanzó sin hits durante cinco entradas ante Baltimore, su récord de 2-2 y 3.70 en nueve juegos indica que pasó fugazmente por las Mayores, sin embargo, se le aprecia y respeta por ser uno de los once en alcanzar la cima.
Noesí, en cambio, es el dominicano número 537 en subir a Grandes Ligas. Así que es natural que el mayor entusiasmo en quisqueya sea el provocado por superestrellas como Albert Pujols y Alex Rodríguez, en lugar de estos muchachos que pasan de manera casi inadvertida.
Vicente Padilla no ha sido una estrella, pero después de Denis Martínez es el mejor pelotero producido aquí. Sus más de 100 éxitos (104), más de 1,000 ponches (1,070) y más de 1,500 entradas lanzadas (1,521.1) indican que no fue a tomarse un café, sino que hizo casa en las Mayores.
Sin embargo, siempre nos ha quedado la sensación de que no explotó todo el potencial que tenía. Y lo que es peor, las lesiones se han precipitado sobre su brazo últimamente, empujándolo hacia el final de su carrera.
Padilla pareció a los expertos un potencial ganador de 20 juegos y perenne invitado a los Juegos de Estrellas. En lugar de eso, ha batallado contra su inconsistencia y ahora contra una seguidilla de lesiones que lo tendrán fuera hasta el 29 de mayo.
Al menos eso creen los Dodgers, pero en el beisbol nunca se sabe cuándo se hace el último envío.
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