“La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”.
Paulo Coelho
Nos refiere Sergio Ramírez en uno de sus cuentos la teoría sobre los sueños de Sinesios de Cirene, filósofo de Alejandría y una de las figuras más originales de la Iglesia del siglo V, quien afirmaba que si un determinado número de personas soñaba al mismo tiempo un hecho igual, este podía ser llevado a la realidad.
El escritor recuerda que uno de los discípulos de Cirene, Maimónides decidió probar esta teoría e hizo que una secta soñara que terminaba la sequía en su pueblo y al amanecer los campos estaban verdes.
Cierto o falso, valdría la pena probar la teoría de Cirene y que la mayor parte de la población de Nicaragua, que es demócrata, soñara por un momento, o una noche, en la necesidad de cambiar el rumbo de este país.
Por ejemplo, soñar en una oposición unida, sin intereses partidarios, ni oportunistas, ni serviles para que se enfoquen en un objetivo común para tratar de salvarnos de la crisis moral, social y política en que nos encontramos.
Soñar también por un momento en un país libre de corrupción, fraude, y engaño, y donde se destierre el narcisismo y mediante una administración honesta permita un mejor uso de los fondos públicos para mejorar las condiciones de las escuelas, los hospitales, los salarios de los trabajadores peor pagados y la erradicación de las mendicidad en las calles o de los niños acróbatas de los semáforos.
Soñar en que se respete la Constitución y las leyes, para que haya un efectivo Estado de Derecho que garantice una verdadera democracia, gobernabilidad y derechos humanos para que la nación se destaque internacionalmente y no seamos conocidos por todo lo contrario y por el atraso en nuestros niveles de pobreza, educación y tecnología.
Decía Cirene hace más de mil quinientos años que “la percepción produce memoria, la memoria experiencia y la experiencia saber científico”.
Los nicaragüenses calificados a veces de no tener memoria histórica no deben olvidar el auge económico de los años sesenta, el alto nivel de vida que teníamos en Centroamérica, el desarrollo de las exportaciones, y como esto se vino al suelo por la ambición de una familia de querer controlarlo todo demoliendo las bases de la democracia y como entonces, aun sin practicar la teoría de Cirene, soñamos en una Nicaragua mejor y se logró, con tan mala suerte que el sueño se tornó en pesadilla.
De la memoria quedó la experiencia, y a pesar de lo ocurrido en la década de los setenta, un 38 por ciento de los nicaragüenses decidió repetirla y las consecuencias las estamos sufriendo todos.
Los tiempos han cambiado. De la experiencia nos ha quedado el conocimiento científico que hay que multiplicar por todos los medios en la promoción del sueño de los demócratas de lograr los cambios que necesitamos, para que esa sequía de esperanza, tal como lo hizo Maimónides se convierta en una hermosa realidad, y traduzca los sueños en realidad.
Al fin y al cabo, soñar no cuesta nada, y como dice Coelho hay sueños que son posibles y eso hace que nuestra vida se vuelva más interesante.
El autor es periodista y escritor.
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