Hamon Killebrew. LA PRENSA/AP/CHARLES KRUPA

H. Killebrew deja huellas

Harmon Killebrew, cuya afable apariencia y sonrisa amistosa contrastaba con su instinto destructivo en el cajón de bateo, falleció ayer a los 74 años de edad, víctima de cáncer de esófago.

Harmon Killebrew, cuya afable apariencia y sonrisa amistosa contrastaba con su instinto destructivo en el cajón de bateo, falleció ayer a los 74 años de edad, víctima de cáncer de esófago.

Killebrew, el más importante jugador en la historia de los Mellizos de Minnesota, dejó huellas indelebles tras 22 campañas en las Mayores, en las que acumuló 573 jonrones, 1,584 remolques y un promedio vitalicio de .256.

Exaltado al Salón de la Fama en 1984, Killebrew fue un destacado mariscal de campo en el futbol americano colegial, pero su poder al bate le hizo girar hacia el beisbol y construyó un gran historial como primera base.

“Muy pronto en mi vida descubrí que podía enviar la pelota más lejos que mis compañeros y decidí concentrarme en eso”, dijo Killebrew, quien registró ocho temporadas con 40 o más jonrones entre 1959 y 1970.

Conocido como The Killer (el asesino), Killebrew fue a 11 Juegos de Estrellas y ganó el premio de Más Valioso en 1969, cuando resumió .276, con 49 jonrones, 140 impulsadas y 145 bases, récords que aún persisten en el equipo de Minnesota.

Se afirma que su swing compacto conformó una silueta que inspiró el logotipo oficial de las Grandes Ligas.

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