El argumento usado por Daniel Ortega de que el presidente de la República puede reelegirse porque los diputados pueden hacerlo no es legal ni es lógico.
No es legal porque la Constitución (máxima y más sagrada ley de nuestra República) prohíbe la reelección del presidente y permite la de los diputados (y al que le pique que se rasque) y no es lógico porque los diputados no tienen el control sobre los bienes del Estado que sí tiene Ortega y que, de la manera más descarada y escandalosa está usando en su campaña: obligando de diferentes maneras a los empleados públicos, usando vehículos del Estado y dirigiendo el saqueo de las instituciones públicas, como a diario es denunciado, cada vez menos, en los medios de comunicación independientes (al parecer el siguiente en caer podría ser El Nuevo Diario).
En el caso de la reelección de diputados la discusión no es por lo legal ni por lo lógico y pasa al terreno de lo moral. Aunque nuestro Himno Nacional, cuya letra debería de ser una lección de civismo, dice que “el honor es tu enseña triunfal”, la historia nos demuestra que ha habido una enorme falta de honor entre nuestros políticos que se venden por prebendas, viajes, becas, carros lujosos y mansiones (dicen que eso es ser “vivo”). Con algunas honrosas excepciones, eso pasó con los políticos que permitieron diecisiete años de dictadura de Zelaya. Cuarenticinco años de dictadura de los Somoza, diez años de dictadura de Ortega en los ochenta y que ahora están facilitando la reelección de Ortega a cualquier costo y el entronizamiento de su nueva dictadura. Sin embargo, debemos reconocer que gracias a legítimos honorables diputados de la verdadera oposición, Ortega no pudo reformar la Constitución y su principal debilidad es precisamente que su candidatura es ilegal e ilegítima y ya no digamos su Presidencia, en caso de que logre concretizar el fraude (porque Ortega sí sabe que el FSLN perdió las elecciones municipales y por eso no está dispuesto a permitir la observación) que debería obligar a la Organización de los Estados Americanos (OEA) a intervenir en Nicaragua en base al artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana.
Los diputados que desde la Asamblea Nacional defendieron el decoro nacional bien se merecen la oportunidad de seguir sirviendo a nuestra sociedad y a nuestra nación. Por supuesto a este pequeño grupo habrá que agregar los nombres de otros hombres y mujeres de honor que han demostrado su amor y apego a los principios de igualdad, libertad y justicia.
El próximo 6 de noviembre tendremos la oportunidad de decidir y debemos elegir a aquellos patriotas, hombres y mujeres, que realmente aman a Nicaragua y que no se venden ni se rinden ni aun a costa de sus propias vidas.
El autor es cirujano general y directivo del PLI-Managua
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