Cuatro más uno es igual a cinco. De día voy a la escuela y la noche es para dormir. La semana tiene siete días y el año trae 12 meses. Así respondió Jeniffer Nohelia Centeno Obregón, de 15 años, a las preguntas que le hizo ayer su profesora Celnia Contreras para evaluar sus conocimientos adquiridos en lo que va del año escolar 2011.
Esta adolescente cursa primer grado de primaria y, aunque tiene dificultades para escribir debido a la parálisis cerebral que afecta directamente su sistema motor, su profesora resaltó el promedio de 80 puntos que obtuvo durante el primer trimestre del año escolar.
Centeno llega en una silla de ruedas, con ayuda de sus hermanos, hasta el colegio Nuestra Señora de la Paz, situado en el barrio 380, en Managua.
Sin embargo, este colegio no tiene las garantías requeridas para la atención de niños discapacitados, pese a que de los 400 alumnos que ingresaron este año, entre 25 y 30 tienen algún tipo de discapacidad, según el director Mauricio Polanco.
“Nosotros atendemos a estos niños y gracias a Dios no se nos van a mediados de año, pero para mejorar esta atención nos hace falta mejorar la infraestructura y cambiar los pupitres para la comodidad de los niños”, indicó Polanco.
Según los datos del Ministerio, de los 1,740,000 alumnos que ingresaron este año al sistema escolar, unos 10,000 estudiantes tienen algún tipo de discapacidad.
Además, María Antonia Tórrez García, orientadora pedagógica para la educación inicial del Ministerio de Educación (Mined), estimó que de cada cinco niños discapacitados que ingresan al primer grado, solo uno logra completar los seis grados de primaria.
“El mayor problema que enfrentan los maestros en cuanto a la educación inclusiva es el inacceso que hay en la infraestructura, la falta de materiales didácticos y la falta de sensibilidad de parte de los maestros”, señaló Tórrez.
Desde 2008 el Mined pretende conseguir “inclusividad” en la educación. Es decir, que un niño discapacitado no ingrese únicamente a las escuelas especiales, sino que sean incorporado a cualquiera de las 8,398 escuelas que hay en el país.
“Aquí tiene que ver el inacceso que hay en las escuelas. En las aulas de clases no hay inclusividad. También afecta el apoyo de la familia del niño que muchas veces no colabora en el proceso de enseñanza y por otro lado está la poca sensibilización de los maestros que se quejan del doble esfuerzo que implica atender a niños discapacitados”, aseveró Tórrez, quien además labora en el colegio de educación especial Melania Morales, en Managua.
La adecuación del currículo educativo es otra de las grandes barreras que enfrenta la educación especial en el país. Tórrez dice que el Mined no proporciona métodos de evaluación particulares para los estudiantes discapacitados. “Tampoco entrega a los docentes materiales didácticos para enseñar y evaluar a niños discapacitados”, recalcó Tórrez.
Según el censo poblacional de 2005, que hasta hoy no ha sido actualizado por el Gobierno, el 10 por ciento de la población (alrededor de 500 mil personas) sufre algún tipo de discapacidad físico-motora.
No obstante, se desconoce la cantidad exacta de personas discapacitadas que nunca ingresaron al sistema escolar. Se estima que en cada cabecera departamental de Nicaragua hay una escuela orientada a la educación especial. No obstante, según el Mined, las escuelas que hasta hoy han sido rehabilitadas ya cuentan con rampas que las hacen accesibles para personas con discapacidad. Según las cifras del Mined, alrededor del 60 por ciento de las escuelas del sistema de educación pública están entre destruidas y semidestruidas.
Otro de los grandes problemas para la inclusividad educativa es la poca capacitación que el Mined da a los maestros para garantizar la atención de niños con discapacidad. La docente Celnia Contreras afirmó que en su trayectoria como educadora no ha recibido capacitaciones para atender a niños discapacitados.
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