En el pensamiento democrático es como un axioma el principio de que la democracia, la libertad, el Estado de Derecho y la transparencia gubernamental son indispensables para que la economía funcione de manera eficiente, sostenible y rentable.
En este sentido, es muy interesante una información publicada por LA PRENSA el lunes de esta semana, bajo el título “ La inversión es incompatible con el autoritarismo ”, basada en declaraciones del jurista Sergio Cuarezma Terán. Cuarezma es Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, como parte de la cuota del PLC en el Poder Judicial, pero no está ejerciendo el alto cargo por no someterse a los atropellos a la Constitución Política de la República que ha cometido Daniel Ortega para imponer su reelección presidencial.
“El derecho y la justicia son el presupuesto para el desarrollo de todo Estado, la seguridad en las inversiones, la consolidación de la democracia y la protección de los derechos fundamentales, señaló el doctor Sergio Cuarezma Terán”, según la información publicada en LA PRENSA el lunes pasado. “Cuando dicha relación no cuenta con la seguridad jurídica, nace la corrupción y el empobrecimiento. Nadie invierte sin seguridad jurídica, de hacerlo los réditos son muy altos en corrupción”, aseguró el experto jurídico.
El doctor Cuarezma sostiene que “las empresas privadas en regímenes autoritarios pueden mantener relaciones armónicas y resolver controversias por medio del arbitraje, o excepcionalmente a través del acceso del poder, no obstante, se enfrentan al problema de la inestabilidad y la desconfianza, en tanto que no solo enfrentan pequeñas coimas que luego se vuelven grandes, sino también a confiscaciones o medidas que ponen en riesgo el capital invertido”. Y advierte que: “A la postre, los regímenes autoritarios o dictaduras son incompatibles con la empresa privada y los inversionistas exitosos, porque mientras estos tienen la visión de crecer, aquella (las dictaduras) les roba esa visión, porque se convierten en mafias paraestatales y emboscan a los empresarios en su actividad obligada con las instituciones del Estado y que quitan sus inversiones, a través de la corrupción”.
Se trata de un enfoque de principios del doctor Cuarezma Terán, quien evidentemente se refiere al capitalismo mafioso que se ha venido desarrollando en Nicaragua desde que Daniel Ortega recuperó el poder total del Estado, gracias al pacto con Arnoldo Alemán y el PLC. Como se recordará, inmediatamente después de la toma de posesión presidencial de Daniel Ortega, en enero de 2007, su Gobierno se apoderó mediante procedimientos turbios y arbitrarios de los depósitos de combustible de una gran empresa petrolera transnacional, puesto que sobre la base de su asociación con el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez y la formación de la empresa privada-estatal Albanisa, habría de montar su particular sistema empresarial capitalista.
Desde entonces el orteguismo ha venido creando un poderoso y turbio sector capitalista que abarca empresas de comunicación, hoteles, fincas agropecuarias, centros de desarrollo genético ganadero, negocios comerciales y de transporte, etc. Un emporio que usa para su beneficio particular a instituciones clave del Estado, como son las direcciones generales de Ingresos y de Aduanas, que han devenido en grandes focos de corrupción gubernamental.
Cabe preguntarse en estas circunstancias y habría que investigar qué clase de inversionistas extranjeros, son los que vienen alegremente a invertir decenas de millones de dólares en negocios, asociados directa o indirectamente con el orteguismo. Y sería sumamente útil a los ciudadanos nicaragüenses, que los economistas y juristas independientes explicaran qué beneficios o perjuicios le traerán al país inversionistas a quienes no parece importarles que en Nicaragua no haya Estado de Derecho ni independencia de poderes estatales, que no se garantice la seguridad jurídica y que para hacer negocios se tenga que pagar coimas y depender del capricho y la rapacidad de una burocracia codiciosa y autoritaria; inversionistas en fin, que se adaptan como peces en el agua a la falta de transparencia gubernamental y a un sistema de corrupción que es peor que en los peores tiempos del somocismo y del gobierno de Arnoldo Alemán.
Con toda razón el periodista Santiago Aburto ha puesto como preludio musical de su programa vespertino en Radio Corporación, la vieja canción popular argentina de Enrique Santos Discépolo, Cambalache, tan actual para Nicaragua, en la que se dice que: “el que no llora no mama y el que no afana es un gil (un idiota) es lo mismo el que labura (trabaja) que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley ”.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A
