Conocí al escritor argentino Ernesto Sábato, quien falleció el 30 de abril a los 99 años, cuando yo tenía veintidós años. En ese entonces leí Sobre héroes y tumbas, la novela que más me ha impactado, pues cada una de sus palabras está tan bien puesta, como los bloques en una pared.
Sábato fue el décimo de once hijos varones. Sus padres eran muy severos, de seguro debido a la cantidad de pequeños andando por la casa. Una vez Sábato tuvo que quedarse al lado de uno de sus hermanos enfermo de sarampión, para que lo contagiara y así su madre podía cuidarlos de una vez a todos.
Sábato era patológicamente tímido e introvertido. Era un chico de campo del poblado de Rojas que llegó a La Plata sintiéndose torpe y muchas veces hasta mal vestido. Estudió en la Facultad de Ciencias Físicas Matemáticas de la Universidad de La Plata, ya que desde joven la matemática fue su mundo platónico, puro y seguro. Fue en los números y teoremas que encontró una gran paz, orden y se precipitó en ese mundo. Luego trabajó en un observatorio astronómico tal vez debido a que la tierra no le servía para alimentar su espíritu.
A pesar que en las ciencias tenía su futuro asegurado, Sábato abandonó la física para escribir algo que sentía profundamente. No le fue fácil esta decisión. Sus compañeros trataron de convencerlo de volver a las matemáticas y algunos hasta lo acusaron de haberlos traicionado. Sin embargo, Sábato deseaba escribir sobre los grandes temas de la existencia: la vida, el amor, la muerte, la esperanza, las revoluciones y el destino de la humanidad, cosas que sólo las podía hacer alejándose de todo lo demás.
Su inicio como escritor no fue fácil. Era muy destructivo con sus obras. Quemó casi todo lo que escribió. Solo se salvaron tres de sus novelas y sus ensayos. Sobre héroes y tumbas también estaba destinada al fuego. Se salvó por Matilde, su esposa, que sufrió mucho por su idea de quemarla. La obra Abaddón El exterminador , también vio la luz por la intervención de varios amigos.
El escritor fue Secretario de la Juventud Comunista argentina y se vio involucrado en el movimiento anarquista. Su identificación con el comunismo acabó debido a los crímenes ordenados por José Stalin en la Rusia comunista. A él no le interesaba el socialismo totalitario. Deseaba un socialismo con libertad. Creía que un país no podía hablar de justicia social sin libertad y tampoco de libertad sin justicia social, porque entonces se convertía en una pseudolibertad.
Era enemigo de toda violencia y de cualquier tipo de dictadura, tanto de derecha como de izquierda, defendiendo siempre la pluralidad de opiniones y la democracia.
Claro, mucho se dice que la democracia es un sistema putrefacto y corrupto, pero la diferencia entre una democracia y una dictadura es que en una democracia hay cambios, se puede denunciar la corrupción, los abusos y permite vivir con libertad a las personas que quieren mejorar la sociedad. Las dictaduras se alimentan de la corrupción. En las dictaduras los abusos son la norma y no hay transformaciones, solo la eterna adoración y adulación hacia una persona. En las dictaduras se necesita que las voces críticas estén calladas y, si es posible, en los cementerios.
Ese era Sábato. Ojalá podamos aprender de él.
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