Por Wendy Álvarez y Moisés Martínez
MADRID Y MANAGUA
Flanqueado por el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, de paso uno de sus escritores favoritos, así como el jefe de gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero y autoridades del diario El País, un sonriente y emocionado Octavio Enríquez posa para una “foto de familia” en la culminación de una intensa ceremonia en el cual se le entregó el premio Ortega y Gasset en la categoría de periodismo impreso.
Este es el final feliz de toda una aventura periodística que comenzó una noche de bohemia de finales de 2009, cuando un colega periodista retó a Enríquez a escribir la historia que desentrañara el destino final de las valiosas propiedades ubicadas en el residencial capitalino Bello Horizonte, que fueron “piñateadas” por uno de los fundadores del Frente Sandinista, quien se autodenomina defensor de los pobres, Tomás Borge Martínez.
Una investigación de LA PRENSA publicada en 2005 por el periodista Jorge Loáisiga ya había dado cuenta de cómo el ex Ministro del Interior en la década de los 80 se había “piñateado” 7.8 manzanas en el reparto Bello Horizonte, de las cuales vendió el 24 de agosto de 2004 cinco manzanas en 687 mil 278 dólares a la sociedad Desarrollo Comercial Bello Horizonte S. A.
Octavio Enríquez asumió el reto con altas credenciales. Completó el círculo de las propiedades “piñateadas” descubiertas por la investigación de LA PRENSA de 2005 y amplió las pesquisas a otros bienes que mantenía oculto el actual embajador de Nicaragua ante Perú.
UN REVOLUCIONARIO MILLONARIO
Esto resultó en la revelación de que el comandante Borge ahora era todo un revolucionario millonario, que se había hecho de 2.3 millones de dólares por la venta de las propiedades que compró a precio de “guate mojado” gracias a la “Piñata” sandinista.
El comandante Borge ha decidido masticar en silencio su molestia por el reconocimiento a Enríquez.
José Álvarez Junco, catedrático de Historia de la Universidad Complutense de Madrid y uno de los miembros del jurado del Ortega y Gasset, entregó el premio a Enríquez, quien con piernas temblorosas debido a la emoción, pasó a brindar un breve, pero acertado discurso.
EL DISCURSO DE OCTAVIO ENRÍQUEZ
“En Nicaragua hubo una vez una revolución. En esos días mi país fue el ombligo del mundo. Los jóvenes guerrilleros de entonces, la mayoría pobres y armados de sueños sobre todo, subieron al poder. 32 años después se convirtieron en todo lo contrario que predicaron. Tomás Borge, Bayardo Arce y el presidente Daniel Ortega, entre otros, son ahora millonarios en un pequeño país donde la frontera entre lo público y lo privado es cada vez más tenue”, expresó Enríquez al iniciar su discurso.
“Ni todos los bancos juntos suman el dinero que llenan las cuentas de la empresa más grande de todas: Alba de Nicaragua S. A., formada gracias a concesiones petroleras del presidente Hugo Chávez y manejada en el país por el tesorero de Ortega”, aseveró Enríquez. “La oposición no existe y el país está descompuesto ( ) También nosotros tenemos un país hecho ruinas, don Mario”, se dirigió Enríquez al Premio Nobel de la Paz.
“El periodismo nicaragüense goza de buena salud ( ) El buen periodismo no se amedrenta, trabaja fuera de horario, no entiende de llamadas amenazantes ni malas caras”, puntualizó el periodista de LA PRENSA de Nicaragua.
El director de El País, Javier Moreno, destacó que tras cuatro meses de investigación, Enríquez demostró cómo Borges acumuló “dinero y propiedades, en contraste con la sonada imagen de revolucionario y defensor de los pobres”. Moreno, quien recordó el asesinato del periodista y mártir Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en 1978, denunció el “implacable acoso” que mantiene el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, contra LA PRENSA.
“No concibo la democracia sin una prensa libre, potente e independiente, capaz de exigir al poder explicaciones de sus actos y de sus decisiones en nombre de los ciudadanos”, expresó el director de El País.

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